El Encantador John Whitemore
18:20El Encantador John Whitemore
Se pusieron de acuerdo en salir del despacho uno por uno. Hermione no podía levantar sospecha al andar sola por los pasillos, así que Lily salió con ella para hacer como si se hubiesen encontrado. Scorpius y Albus les siguieron después, dejando a Kingsley y Harry solos.
Después de un reconfortante abrazo con su mejor amiga, Harry sintió que tenía las energías revitalizadas. Parecía que Azkaban era simplemente una mala pesadilla que había tenido hace meses, los Dementores y el hambre eran un recuerdo viejo y lejano. Con Hermione y sus hijos de su lado todo parecía ser absolutamente normal, tenía la confianza suficiente como para creer que su vida estaba llevando un rumbo certero, que todo iba bien, como si siempre hubiese sido así.
Y con esa actitud abandonó el despacho.
Con Kingsley se separaron en la mitad del pasillo, y Harry ya podía escuchar el murmullo zumbador de la gente en el Gran Salón. Cuando llegó al rellano de la escalera sus ojos se fijaron en Neville que saludaba de manera cordial a una pareja, ambos se miraron por un instante, y justo cuando se iba a alejar con ellos por otro pasillo, éste hizo un movimiento de cabeza. La señal que esperaba para hacer su entrada.
Tomando aire avanzó los peldaños que le quedaban para entrar al Salón. Había un mar de cabezas de todos los colores y niños corriendo por todos lados. Alcanzó a divisar la alta e imponente figura de Nordieth a un costado de donde debía estar la mesa de Griffindor, sus ojos se encontraron y la mujer volvió a hacer el mismo movimiento que Neville. Harry avanzó otro paso más y miró a un costado, distinguió a Helen Gibbs, la jefa de Ravenclaw hablando con un grupo de padres, y a Hagrid, que hablaba animadamente con un grupo de niños pequeños que probablemente lucían emocionados al ver un semi gigante. Harry sonrió, esos niños algún día entrarían a Hogwarts.
Pero todo ese sentimiento de confort se esfumó cuando distinguió de lejos a Malfoy junto a su mujer. Se preguntaba qué diablos haría con ella ahí si ya no tenía hijos en el colegio, hasta que detectó a una muchachita asomarse por el costado de su madre, Calisto.
Harry abrió los ojos. La niña no tenía nada anormal, pero sí sabía que para ellos era una hazaña mostrar en sociedad a la única Malfoy de la familia que no podía hacer magia.
Por el rabillo del ojo distinguió a Scorpius que corría a abrazar a su hermana. Ella rió y Harry escuchó algo parecido a campanitas. Entonces ambos hombres se miraron de lejos, pero Malfoy apenas hizo un ademán de saludo. Si no querían levantar sospechas no podían hablar. Pero aún así le intrigaba que llevara a toda su familia a un colegio dónde ellos ya no pertenecían. ¿Qué diablos tramaba Malfoy al traer a toda su familia?
La respuesta llegó tan rápido que le sorprendió. La sangre se le congeló, y la ira comenzó a emerger desde lo más bajo de su ser. Conocía esa espalda y el peinado elegante. Más aún, conocía a la perfección esa chaqueta, la había visto en sueños, él mismo alguna vez la había usado, y ahora, Valmorian la lucía con orgullo frente a todos los presentes llevando a una mujer de su brazo. El corazón se le disparó, pero aguantó la incertidumbre al ver cómo el sujeto saludaba con cortesía a los Malfoy. Scorpius lo miró de soslayo, y Harry lo comprendió de inmediato, ahí estaba la distracción que tanto necesitaba.
Una media sonrisa se apoderó de su cara, nunca imaginó que bendeciría a un Malfoy por ser tan oportuno. Intentó mirar un poco más allá, porque apenas lograba distinguir unas delicadas manos agarradas del brazo de su enemigo. La garganta se le secó y comenzó a calcular la distancia. Al menos unos quince metros los separaban, no había forma que entre la multitud pudiera verla directamente a la cara.
Sólo tenía que aguardar, ya llegaría su momento. Fue entonces cuando una mano le tocó el hombro. Se giró sobresaltado y encontró al menudo muchacho que en su primer día de clases lo había tenido que separar en una pelea.
—Willis—dijo aparentando tranquilidad, el chico le sonrió y atrajo con su mano a una mujer de cabello pajoso.
—Profesor, le presentó a mi madre, Clare Willis—dijo el muchacho, Harry le tomó la mano a la dama y le sonrió con cordialidad.
—Es un placer— Una incomodidad se apoderó de su pecho cuando ella suspiró al verlo fijamente. Harry le quitó la mano y se la escondió tras la espalda, carraspeó— ¿Les parece si comenzamos?
Les cedió el paso y les indicó el caminó que los llevaría al despacho tres pisos más arriba, muchos metros más de los que ya estaba separado de Ginny.
Cuando entró en la oficina suspiró, por el bien del chico debía mantenerse concentrado, su futuro dependía absolutamente de su reporte.
/
Para cuando llegó la hora de almuerzo Harry había sido visitado por al menos veinte alumnos de su grupo, y varias madres viudas y solteras le habían dejado sus coordenadas de chimenea y direcciones de correo. Se preguntó qué rayos había dicho o hecho para que las mujeres se hubiesen atrevido a coquetearle de manera tan descarada hasta tal punto de encontrarlo “recomendable” para ser padre de sus hijos.
Comprendía que Whitemore podía ser encantador, pero ni siquiera se había percatado de que la misma voz de su nuevo cuerpo era incluso más seductora de lo que creyó que podía ser. Así que fue al baño a hacer un par de gárgaras al menos para reacomodar un poco el tono.
Cuando llegó al Gran Salón el lugar estaba repleto de mesas redondas pero no todas estaban ocupadas. Con el ajetreo había olvidado por un momento que Ginny andaba por ahí, pero se limitó a mantenerse centrado en otras ideas para no meter la pata y verse muy obvio si se ponía a mirar cada una de las mesas.
Neville lo recibió con una sonrisa mientras se sentaba a su lado. De inmediato un plato profundo rebosante de comida apareció delante de su nariz. Neville lo miró de reojo y se metió un pedazo de carne a la boca.
—¿Los viste? —masculló. Harry miró hacia el frente.
—Con Malfoy—contestó recordando a Valmorian y su chaqueta verde— lo quieren alejar del castillo— Neville gruñó.
—Ese desgraciado, ¿cómo se atreve a venir aquí?
—Sabe que estoy libre, probablemente sospecha que me puedo esconder en el colegio, después de todo es el segundo lugar más seguro—contestó llevándose un montón de comida a la boca, Neville asintió.
—Malfoy y su hijo han hecho un buen trabajo, se lo llevaron a Hogsmade.
Harry se atragantó y tuvo que agarrarse de la copa de vino para no asfixiarse. Neville le dio unas palmadas leves en la espalda tratando de evadir a los curiosos que miraban desde las mesas.
—¿Se lo llevaron, dices? —dijo con lágrimas en los ojos producto de la tos, Neville asintió con lentitud volviendo su vista al frente para parecer desinteresado.
—Lo invitaron a almorzar—explicó, una sonrisa se curvó en sus labios—Ginny está totalmente sola.
Harry apretó los labios para no sonreír descaradamente, de lo contrario su corazón le saldría disparado por la boca.
—¿Sola? —preguntó con tranquilidad, se impresionó a sí mismo con tal control—, ¿cómo es posible que Malfoy lo haya convencido con tanta facilidad? Valmorian sospecha que yo podría estar aquí, no es idiota, no dejaría a Ginny sola conmigo rondando el colegio.
La mirada de Neville recayó sobre su plato, el bigote largo y caído le daba la graciosa expresión de un Schnauzer viejo.
—Bueno, sola totalmente no está, pero al menos se encuentra lejos de ese sujeto.
—¿Y con quien…?—Harry se detuvo y miró hacia el otro lado del comedor, como si buscara algo. No vio nada de lo que esperaba ver, pero ahora comprendía la situación— Está con James, ¿no?
—Parece su sombra, no la ha dejado sola ningún instante—suspiró Neville.
Los sentimientos encontrados se apoderaron de Harry. Su familia completa estaba en esos momentos en el colegio, dispersada sí, pero al menos estaban todos juntos. Siempre quiso que llegara ese momento, y ahora que sucedía deseaba que James se alejara de su madre aunque tuviera muchas ganas de verlo. Se recriminaba a sí mismo temer de su propio hijo, pero no podía darse el lujo de fallar ante este plan. Ya tendría tiempo de rescatarlo a él también una vez que acabara con Valmorian.
—Descuida—interrumpió Neville, Harry volvió a la realidad para mirarlo de soslayo—, Albus estaba intentando alejarlo de Ginny, tienes que confiar en él.
Harry suspiró, ese era el trabajo de Albus, y si tenía suerte, con Hermione, Hagrid y Lily de su lado, tal vez podrían alejar a James el tiempo suficiente para hablar con ella.
No pasó mucho rato cuando Neville tuvo que volver a otra nueva reunión. Lo vio alejarse del comedor con un padre viudo y sus tres hijos. Apenas pudo terminarse el delicioso plato de comida, sus entrañas no podían recibir nada más que retorcijones producto de los nervios. Le quedaban pocos chicos a los que entrevistar, había dejado a Lily para el final. El plan era no parecer ansioso, porque antes de hablar con Ginny, tenía que conocerla casualmente. Deseaba que Malfoy, hiciera lo que hiciera, retuviera a Valmorian lo más lejos y la mayor cantidad de tiempo posible.
Dejó su plato a un lado y miró nuevamente las mesas redondas que estaba a sus pies. Sus ojos brillaron cuando encontró a Hermione hablando con Hugo sobre algo que desconocía, pero por la cara airada de su amiga concluía que lo estaba regañando por algo. Cuando sus miradas se encontraron el rostro de ella se iluminó, y Harry se impresionó de que no pegara un grito por saber que ambos estaban compartiendo el mismo espacio. Por el contrario, la mujer se mantuvo discreta y solamente emitió una risita que Hugo no supo entender por su cara de cuestionamiento.
Se levantó de su asiento y caminó con aire formal por entre las mesas de los profesores hasta llegar a donde estaba el resto. Nordieth apareció a su lado silenciosamente y ambos caminaron sin dirigirse la palabra.
—Podrás hablar con tu mujer en mi despacho dentro de una hora—susurró ella con la voz profunda, Harry notó que apenas movía los labios para informarle su mensaje, y que aunque él la escuchaba nadie más podía hacerlo.
—Gracias—sólo pudo decir. Recién ahí se dio cuenta que el plan se pondría en práctica una vez que saliera del despacho con el último alumno que le correspondía de quinto.
La mujer se alejó sin siquiera escucharlo, pero no le importó. Tenía que dedicarle a esa hora todo su esfuerzo para que las cosas salieran bien, no sólo por el suyo propio, sino que por el de los alumnos a los que les tocaba entrevistar.
La siguiente media hora se mantuvo encerrado en su propio despacho junto con tres familias que pertenecían al mismo núcleo. Entre los alumnos eran primos y hermanos, y acortar el tiempo entrevistando a un grupo completo simplificaba la hora para poder ver a Ginny.
Durante las entrevistas intentó ser lo más honesto posible, aunque tampoco le gustaba dejar a sus alumnos mal parados ante sus padres por no saber ciertas hazañas. Se creía en la obligación de acusar a Nordieth por sus malas prácticas ante los alumnos que no podían hacer un hechizo y que luego dejaba sin apoyo educativo. Pero no podía abrir la boca ese día, mucho menos si la elfa le había entregado su despacho (uno de los más discretos de todos), para poder estar con Ginny.
Así que en los informes no le quedó otra que acusar la falta de atención de algunos alumnos en el poco interés de estos ante la materia. Cosa que por su puesto no era cierto. Muchos padres se veían interesados en su modo de enseñar, sobretodo los que tenían hijos en ambas clases, tanto en la de él como Nordieth, y ciertamente éstos notaban la diferencia entre un hijo y otro.
—Lorcan cada vez que nos escribe se emociona hablando sobre su clase—le contaba el padre de uno de sus alumnos de séptimo— pero Mary ni siquiera toca el tema de la profesora Cardinni.
—Créame, ambos enseñamos lo mismo pero con diferentes metodologías, eso es todo—contestaba cada vez que alguien le preguntaba lo mismo.
—¿Y es posible que mi hija pueda estar con usted? —insistía otra madre, Harry suspiró por décima vez esa tarde.
—No se permite—contestaba.
Si de él dependía habría abierto la boca, pero se recordaba a sí mismo que por estar con Ginny no debía ni siquiera tocar el tema de la profesora. Nordieth había sido muy inteligente, Harry sabía que toda esta patraña de ayudarlo el día de la reunión le traería más beneficios a ella que a él por el simple hecho de que era demasiado bueno como para acusarla delante de los padres.
Ahora tenía una deuda con ella. Ella le daba lo que él necesitaba, su oficina, a cambio de su silencio.
—Bonita forma de hacer amigos—masculló cuando salía del despacho. Hizo crujir sus hombros y la cabeza y caminó decididamente por el pasillo hacia el salón. No se había dado cuenta de cómo había pasado la hora, y ahora venía el momento crucial. Sus manos se habían empapado y su corazón latía como adolescente en primera cita. La boca se le había secado y tuvo que toser un par de veces para poder humedecer su garganta.
Cuando llegó al salón quedaba poca gente y muchos padres se despedían de sus hijos. Harry suspiró, no encontró a ninguno de sus amigos por ninguna parte, y por suerte tampoco se veía a Draco, lo que significaba que aún mantenía a Valmorian lejos del castillo. Intentando ser disimulado buscó entre las mesas a Hermione, pero tampoco había rastro de ella, y fue en ese preciso instante cuando alguien le tocó el hombro. Su corazón dio un salto y su estomago se calentó sintiendo vértigo. Giró la cabeza hacia un lado y el rostro sonriente e iluminado de Lily se encontró con él.
—¿Cómo está profesor? —preguntó sonando casual, Harry tragó saliva, debía actuar como tal, no como padre.
—Señorita Weasley, qué sorpresa—dijo con una seguridad que no reflejaba para nada sus emociones. Lily sonrió.
—Quiero presentarle a alguien—dijo inclinando la cabeza de manera inocente, pero Harry sabía que aquello sólo significaba que el momento había llegado.
Los ojos de Lily se movieron hacia un costado del Salón donde estaban las puertas, Harry la imitó. No se había dado cuenta que estaba inclinado sobre su hija, así que lentamente fue cobrando su postura original sin despegar los ojos de la mujer que caminaba junto con Albus y otro muchacho directamente hacia él.
Tenía ganas de apretar los puños, de gritar, de llorar, aquello parecía el final que toda novela muggle debía tener, pero que sin embargo para él era casi como ser el protagonista de un chiste de mal gusto.
Sintió la mano de Lily sobre su brazo y lo atrajo hasta quedar frente a Ginny. Siempre había sido más alto que ella, pero Whitemore la sobrepasaba por casi dos cabezas. Esta vez la mujer que tenía en frente era mucho más distinta de lo que recordaba, aunque ciertamente seguía igual de hermosa.
Ella sonreía con cordialidad, su cabello rojizo caía en una simple onda sobre su hombro derecho mientras sostenía un mechón con una pinza en el lado izquierdo. Tenía los labios teñidos de rojo y las pestañas enmarcadas. Harry sólo la había visto maquillada en ocasiones especiales, y ahora le dolía recordar que aquella fachada era algo que Valmorian le obligaba a cumplir al ser su mujer. Apretó los dientes al imaginarse la escena y a su mente vinieron las palabras de Albus cuando le contó que ella comía poco para mantenerse delgada ante su “prometido”.
Con cautela la miró. Sí, estaba más delgada de lo que recordaba, una falda oscura y larga hasta las rodillas se ceñía a su cintura, y una blusa rosa de satín vestía su pecho. Las mangas eran largas y abombadas en las muñecas, lo que le daba un aire demasiado elegante para su gusto, y un collar de perlas adornaba el cuello que tenía sólo un botón desabrochado.
—Es un placer conocerlo finalmente—dijo ella con suavidad estirando la mano, pero Harry sintió que el mundo se le venía abajo al escucharla hablar. Su voz seguía igual que siempre, dulce, firme y con ese dejo de simpatía que caracterizaba a los Weasley.
—El placer es todo mío—dijo galante olvidándose por un momento que estaban rodeados de personas. Sin pensarlo ni procesarlo concientemente, le tomó la mano y se la besó. Un tinte rojo se apoderó de las mejillas de Ginny que apenas quitó la mano para sonreír avergonzada. Una característica que Harry recordaba de la primera vez que se habían visto en el andén.
—Lily habla muchísimo de usted, dice que aprendió a hacer un Patronus gracias a sus consejos—contó, Lily sonrió orgullosa y Harry le correspondió con el mismo entusiasmo. Repentinamente se sintió invadido por cientos de mariposas en su estomago y temió que sus piernas lo traicionaran.
—Lily tiende a lanzarle flores a todo el mundo, no soy tan bueno como ella dice—dijo sonriente mirando a la chica con advertencia. Aquello significaba que ella había hablado acerca de él con Ginny.
La mujer pareció cohibirse por un momento al verlo sonreír y dio un paso atrás para dejar delante de ella a los otros dos muchachos.
—¡Qué modales los míos! —dijo nerviosa sin mirarlo y con las mejillas sonrojadas— Profesor, estos son mis otros hijos, salieron del colegio hace un par de años—Con una mano atrajo a Albus, y con la otra, al que Harry no había querido mirar directamente, James.
—Es un gusto—saludó Albus con simpatía, pero James se mantuvo serio.
Harry movió la cabeza de Albus y se fijó en su hijo mayor. Del niño que había jugado con él en la plaza no quedaba nada, y le dolía. Estaba alto, pero muy delgado. Tenía la nariz aguileña como la de Ron y el cabello castaño con un corte elegante. Pero lo que más llamó su atención fueron los ojos. Marrones, oscuros, con el glóbulo ocular irritado y unas marcadas ojeras oscuras. Los labios no se quedaban atrás, secos, pálidos, como si estuviera enfermo. Las mejillas las tenía hundidas y la piel pálida. El corazón de Harry se contrajo, tuvo ganas de llorar, de abrazarlo, de decirle que todo iba a estar bien, pero no tuvo el valor para hacerlo. No podía delatarse.
Tal vez si las cosas hubiesen sido diferentes James habría sido atractivo, tenía la altura de los Weasley y un aire a su propio padre, James Potter señor. Pero el hechizo de Valmorian lo estaba consumiendo. Aunque vestía de manera juvenil con unos pantalones gastados y una camiseta con garabatos, su rostro no irradiaba vida.
—Es un gusto también conocerlo—dijo James finalmente. La voz era diferente a su apariencia, era vital. Y aquello lo tranquilizó en cierta medida. Tal vez aún quedaba un poco de su hijo en el interior de ese envoltorio escuálido y enfermo.
—El…el gusto es totalmente mío muchachos—saludó. Se odió a sí mismo por errar y ponerse nervioso. No era típico de Whitemore mostrarse inseguro y James no podía notarlo—. Es una lástima no haberlos conocido antes.
—No era necesario, la profesora Cardinni es extraordinaria—contestó James de manera impulsiva, Harry tensó los músculos de la espalda.
—No seas descortés James—lo regañó Ginny, y luego lo miró a él— debe disculpar a mi hijo, se ha comportado así desde que volvió de su viaje.
—¿Viaje? —preguntó Harry impulsivamente, pero trató de hacerlo sonar más como curiosidad.
—Sí, trabaja en el ministerio de magia—dijo Ginny con orgullo—le ha tocado viajar bastante estos meses. Tanto trabajo lo estresa un poco.
—No te metas en esto, ¿quieres? —le espetó James, Harry frunció el seño.
Entonces notó que Albus hacía unos movimientos con la cabeza. Lo alcanzó a notar de soslayo y comprendió que aquella información tenía que ver con Valmorian. No le costó atar cabos y darse cuenta que probablemente esos viajes eran para conseguir Polvo de Azufre. Y mucho menos tardó en descubrir que esa apariencia mortal de su hijo podía deberse no sólo a estar hechizado, sino que a ser víctima de algún siniestro experimento. Tensó los labios y sus brazos se pusieron rígidos. Valmorian estaba practicando con James en dosis más altas.
James se cruzó de brazos y Harry respiró hondo. Tenía que serenarse, toda su familia estaba justo ahí, debía sacar algo de partido. Ginny pareció dolida por la actitud de su hijo pero no le recriminó nada, actuaba totalmente sumisa.
Harry carraspeó.
—¿Les parece si comenzamos? —los invitó intentando sonar cordial. Con un brazo le indicó a Ginny el camino. Cuando la mujer hubo avanzado delante de él Albus le guiñó un ojo.
—¡James, prometiste que me ibas a acompañar a la cabaña de Hagrid! —se quejó Albus con voz molesta, James se giró rodando los ojos.
—Después de la reunión Al—contestó. Harry los miró curioso, pero por sobretodo le impresionó la actitud de James hacia su hermano, totalmente amigable y fraternal.
—Después de la reunión nos marcharemos a casa, ¡anda, lo prometiste! —insistió Albus, Harry tuvo el impulso de sonreír, pero se mantuvo en silencio siendo testigo del comportamiento de sus hijos. Sospechaba qué era lo que Albus quería provocar, tenía que intervenir.
—Pueden ir con tranquilidad, la reunión no durará mucho rato—acotó con simpatía, y se felicitó mentalmente por eso.
—¡No! —gritó James, todos lo miraron— tengo que acompañar a mamá.
Ginny frunció el ceño notoriamente y Harry soltó la sonrisa que tanto había intentado mantener a raya. A pesar de los años seguía recordando cada una de sus expresiones.
—Ya estoy bastante crecida como para que me sigas a todos lados James, acompaña a tu hermano.
James entrecerró los ojos y a Harry se le borró la sonrisa. El chico lucía siniestro.
—Me ordenaron que me quedara contigo, y no me voy a mover de tu lado. Nunca.
Y fue cuando Harry reconoció a la Ginny de la que se había enamorado. Los ojos de la mujer destellaron y elevó el mentón. Caminó dos pasos e inclinó la cabeza hacia atrás para ver a James.
—A ti nadie te ordena, soy tu madre y es a la única que debes hacer caso, ¿escuchaste? —lo regañó, James parecía furioso pero Harry no dijo nada— y yo te ordeno que salgas con Albus, no quiero que me sigas, ya tengo una sombra, no necesito otra más.
Fue el momento en que Harry curiosamente se sintió en familia. La Ginny que el conocía había sacado sus garras y se veía más hermosa que nunca. Sonrió como idiota hasta que sintió un codazo en las costillas. Lily le había llamado la atención y lo miraba con advertencia. Apenas logró percatarse cuando James dando largas zancadas había salido furioso por la puerta del Salón. Albus suspiró, le dio un beso a su madre y le susurró algo que Harry no alcanzó a escuchar. Ginny le pasó una mano por la mejilla y con un movimiento de cabeza se despidió de él antes de que éste saliera persiguiendo a James.
En un abrir y cerrar de ojos se hallaba con Lily y Ginny solos en medio del pasillo.
—Profesor—lo llamó Lily, Harry se giró hacia ella— ¿es necesario que yo esté presente en la reunión?
Ginny soltó una risita.
—Claro que es necesario, ¿o acaso no quieres ver mi cara de decepción cuando vea tus calificaciones? —bromeó con dulzura, a Harry se le contrajo el estómago.
—Sabes que me va increíble en Defensas mamá, realmente no quiero perder mi tiempo en una reunión donde ya sé lo que el profesor Whitemore va a decir—resopló con aburrimiento y a Harry le impresionó la calidad actoral de su hija. Aunque en algún momento se sintió inseguro por no tenerla a su lado en la reunión. Los nervios hacían mella en él cuando Ginny la quedó viendo pensativamente.
—¿Qué opina profesor? —le preguntó Ginny directamente, Harry tensó los brazos. Lily le puso énfasis en su mirada, las intenciones de su hija eran obvias.
—No… no es necesario que los alumnos estén en la reunión si les va bien, sólo le debo entregar el informe—contestó nervioso, Ginny levantó los hombros.
—Entonces ve con tus hermanos, nos veremos a la salida—dijo sonriente, Lily asintió animosa y sonrió ampliamente.
—¡Gracias!—exclamó, y movió la cabeza hacia Harry— nos vemos en clases.
—Por supuesto—le contestó inclinando la mirada misteriosamente, Lily le sonrió y cuando estuvo fuera del alcance de Ginny dio un salto agitando el puño en el aire.
—¿Dónde queda su oficina? —le preguntó Ginny, y sólo ahí se dio cuenta que ambos estaban solos en medio del pasillo. Su oficina quedaba tres pisos más arriba, pero la de Nordieth quedaba en el último detrás de un tapete y por sobre la torre de astronomía. Según muchos profesores, era la oficina con la vista más espectacular del valle que rodeaba a Hogwarts.
—Si no le molesta subir las escaleras…—sugirió con una sonrisa, Ginny se sonrojó y las mariposas en el estómago de Harry se convirtieron en aquel monstruo que había dormido durante años. Supuso que debía estar siendo encantador porque hasta ese momento todas las mujeres se habían sonrojado y suspirado de un modo similar a su esposa.
—Claro que no—contestó devolviéndole la sonrisa.
A medida que avanzaban y subían cada escalón Harry le contó un poco sobre Whitemore. Ginny parecía curiosa por el uso de dos profesores para una sola materia y a la vez Harry intentaba explicarle todas las cosas posibles sin ponerse nervioso.
Más de una vez se comió un par de palabras y sus manos sudaron. Tener a Ginny a escasos centímetros de su propio cuerpo era irreal. Intentaba memorizar cada nuevo gesto e impregnar su nariz con aquel sutil perfume dulce del cuál desconocía los ingredientes. En algún momento olvidó de qué hablaban e ignoraba si estaba siendo coherente con sus respuestas porque varias veces había contestado con una tontería.
Su corazón estaba vuelto loco y su estomago dolía con aquel monstruo adolescente que había despertado. Ella sonreía, y sólo Merlín sabía lo que esa sonrisa significaba para él. Parecía feliz, aunque sabía que no lo era. Seguramente detrás de sus gestos la manipulación de Valmorian seguía intacta, y aunque lucía cordial y amable frente a todo el mundo la orden del sujeto prevalecía. En ese momento se sintió miserable, tal vez Whitemore podía ser encantador, tal vez algo de la esencia del mismo Harry Potter podía salir a la luz, pero ella seguiría pensando a Valmorian como el amor de su vida.
Para cuando llegaron al último piso y atravesaron el puente colgante de la torre de astronomía, Harry divisó el tapete donde Nordieth ocultaba su oficina.
—Ya llegamos—anunció, Ginny miró a su alrededor.
—Olvidaba lo alejado que estaba del resto del colegio—comentó nerviosa, y Harry logró divisar unas extrañas manchas negras en el rostro de ella que desaparecieron casi al instante. Parpadeó pero no las volvió a ver.
—Es la oficina de Nordieth Cardinni—le contó, Ginny asintió lentamente.
—Lo sé, he estado antes aquí.
—Entonces no tiene porqué ponerse nerviosa—la incitó con amabilidad. El hechizo del Polvo estaba haciendo mella en el subconsciente de Ginny. Comprendió que era muy posible que una de las órdenes de Valmorian fuese que no estuviera a solas con ningún hombre en algún lugar apartado.
Ginny volvió a mirar alrededor y apretó los labios asintiendo lentamente.
Harry apartó el tapete y un corto y alto pasillo iluminado con una antorcha apareció delante de sus ojos. Ambos avanzaron un par de pasos hasta llegar a una puerta doble. Harry puso la mano en el pomo y ésta se abrió casi instantáneamente. Entonces se vio en la obligación de colocar una mano delante de sus ojos. Lo que los profesores decían sobre ese despacho no era ni la mitad de lo que realmente podía ser.
La oficina era circular y toda la pared que daba al Este estaba hecha de ventanales gigantes que llegaban hasta el techo. Las paredes de piedra estaban cubiertas de ramas, enredaderas y árboles frutales, y el techo estaba hechizado como el del gran Salón. Sobre ellos caía una impalpable lluvia de copos de nieve que desaparecían antes de tocar el suelo, y una muchachita media verdosa y transparente se fundió con el tronco de uno de los árboles. Harry parpadeó sorprendido, en toda su vida como mago jamás había visto una ninfa, y por su puesto, jamás creyó que vería una dentro de una oficina. Nordieth tenía un pequeño pedazo de su mundo. Se sintió como un idiota al comprender que para ella su historia con los enanos seguía siendo un pasado doloroso, más aún si su propia vida era casi eterna.
—La última vez que vine ella no estaba—dijo Ginny señalando el árbol cuyo tronco estaba enredado y lleno de nudos que se comunicaban con altas ramas en forma de brazos— es algo tímida.
—Nunca había visto una…—confesó Harry dándose cuenta que el árbol tenía la sutil figura de una muchacha, el ceño de Ginny se frunció.
—¿Es cierto? —le preguntó curiosa— un auror de mundo como usted ¿jamás ha visto una ninfa?, no me lo creo.
—Bueno, se esconden en los bosques primitivos y nunca tuve la oportunidad de meterme en uno—dijo levantando nervioso los hombros, Ginny se pasó casualmente una mano por el cuello desviando su mirada. Harry notó que volvía a sonrojarse y se preguntó qué diablos había hecho o dicho para causarle aquello.
Se quedaron en silencio unos segundos y ella carraspeó apartándose bruscamente.
—¿Le parece si comenzamos? —insistió— Quiero saber todo sobre mi hija.
Se fue a sentar en la silla frente al escritorio de Nordieth cuyas lámparas de aceite estaban afirmadas por las mismas enredaderas que colgaban de las paredes, y Harry la siguió viendo la ornamentación con curiosidad. No se sorprendió cuando apareció la ficha de Lily mágicamente frente a él.
—Vaya, ¿por dónde empezar? —murmuro intentando romper el incómodo silencio que se había formado entre ambos. Ginny junto sus manos sobre el escritorio y elevó los hombros.
—Yo... necesito saber…—le dijo con tono sugerente, Harry frunció el ceño levemente.
—¿Qué cosa? —Preguntó. Ginny desvió la mirada y contempló una flor carnívora en un rincón que parecía estar dormida, su cuerpo delicado subía y bajaba como si respirara— ¿Señora Weasley?
Ginny se volvió a él. Sus ojos castaños estaban oscuros y la pupila dilatada, Harry había visto esa mirada en muchas personas y comprendía lo que significaba. Miedo.
—Yo… necesito saber sobre Lily, quiero que me cuente todo sobre ella. Cómo se comporta, con quien se junta, qué hace cuando no está en el colegio, todo. —la voz de la mujer se quebró suplicante, Harry afirmó la ficha de Lily y la dejó a un lado.
—Lily es una buena chica, y una buena alumna—dijo sintiendo una ola de cariño en su pecho, su hija era sensacional—. Aprende rápido, es lista, y no causa problemas.
Ginny arqueó una ceja.
—¿Está seguro de eso? —insistió, Harry comenzó a sudar.
—Claro que sí, de lo contrario se lo diría. — Ginny suspiró recostándose en el respaldo de la silla, Harry se preguntaba a dónde diablos quería llegar— ¿hay algún problema?
Ella comenzó a mover su cabeza hacia todos lados, actuaba como si buscara una salida, hasta que Harry sintió el estúpido impulso de agarrarle una mano. El contacto fue casi eléctrico, ella se detuvo y él sintió las locas ganas de besarla ahí mismo. Seguía igual de suave que siempre, igual de cálida. Su corazón se volvió loco, tragó saliva y ella no le quitó los ojos de encima. Se mantuvieron así, mirándose fijamente hasta que el cerebro de Harry le recordó que estaba arriesgándolo todo por sus hormonas descontroladas. Carraspeó y le soltó la mano alejándose de ella. No sabía si decepcionarse por la lejanía o alegrarse al ver que los ojos de ella se apagaban ante su movida.
—Me preocupa—le soltó, Harry inclinó la cabeza.
—¿Pasa algo con ella?
Ginny pareció pensar la respuesta un segundo.
—Es…sólo que… es decir…—Ginny bufó y lanzó un resoplido levantándose del asiento. Harry dio un saltó ante la sorpresa y contempló a su esposa moverse nerviosa como león enjaulado.
—Por favor Gin…evra—dijo. Se levantó justo en el momento en el que ella lo quedaba viendo sorprendida— señora Weasley—corrigió con rapidez insultándose mentalmente. No podía ser tan idiota.
—Casi me llamó por mi sobrenombre—susurró sorprendida, Harry sintió que sus orejas se calentaban. Sí, estaba actuando como un reverendo idiota.
—Lo lamento, Lily habla tanto de usted que…
—Hace mucho que nadie me llamaba así—confesó. Harry abrió los ojos como platos.
—¿Ah?
Nuevamente: idiota. Su vocabulario se había reducido al de un infante. Para su sorpresa, Ginny sonrió.
—Es una larga historia.
—Me encantaría escucharla—contestó por inercia, y le dio ganas de golpearse la cabeza contra la mesa. ¿Cómo se llamaba el hechizo para controlar la lengua?
Nuevamente Ginny sonrió, pero esta vez soltó una risita. Harry juró escuchar un coro de ángeles. Tal vez estaba muerto y no lo había notado.
—Tal vez otro día—dijo con un tono que a Harry le pareció sumamente coqueto. ¿Qué estaba ocurriendo? ¿Era idea suya o su propia esposa le había propuesto un nuevo encuentro?
—No estaría mal—contestó. Y se mordió la lengua. Pero en serio. Fue tan fuerte que le dolió. Años y meses de planes arrojados a la basura por culpa de la ansiedad hacia la mujer que tenía enfrente. Las cosas no podían terminar así.
Pero Ginny volvió a reír, y se asustó. Tal vez realmente estaba muerto. Las cosas simplemente no podían estar saliendo tan bien con ella. Conocía a las mujeres, al menos sabía lo que Whitemore causaba en ellas. Y después de una tarde entera de coqueteos por parte de las madres solteras y viudas, podía asegurar colocando las manos en el fuego que Ginny realmente estaba coqueteando de manera descarada con él.
Pero no. Tenía que parecer profesional. Tenía que sacarle información.
Carraspeó.
—Tal vez cuando Lily necesite una nueva reunión—agregó intentando arreglar la situación que se estaba viviendo, pero Ginny pareció decepcionada.
—Claro, cuando Lily lo necesite—asintió con lentitud.
Harry sonrió y Ginny bajó la mirada al suelo. Ambos estaban a una distancia prudente, pero a él le sobrecogió notar lo agotada que lucía su esposa. En esos mismos instantes habría dado lo que fuera para detener el tiempo y besarla ahí mismo. La cercanía era dolorosa, su perfume le recordaba pasajes de su pasado que creía olvidados y se odió por eso. No podía haberla olvidado.
¿Cómo alguien podía hacerle tanto daño a una familia y lograr que dos personas que se amaban tanto terminaran separadas? Detrás de la figura de mujer madura y elegante se escondía la que él amaba y seguía amando. Tenía plasmados el dolor y el sufrimiento en sus ojos, como si lidiara una batalla interna. Sólo ahí se dio cuenta que llevaban demasiado rato mirándose sin dirigirse la palabra, y ella se había acercado lo suficiente como para que él pudiera contarle las pecas, aún notorias, de la nariz.
—Sus ojos…—susurró Ginny moviendo los suyos de un lado a otro. Harry se inclinó hacia atrás para impedir el acercamiento, aunque la situación era realmente tentadora. Juraba que el corazón le saltaría hasta por los ojos si ella seguía acercándose.
—¿Mis ojos? —preguntó con una risita, Ginny se sonrojó, pero rápidamente
se alejó cubriendo perturbada la boca con la mano. — ¿le pasa algo? —preguntó asustado. Ella lo miró.
—No… no es nada sólo…—un espasmo remeció sus hombros y Harry sujetó la varita disimuladamente bajo su túnica.
—¿Señora Weasley? —Harry se acercó pero Ginny dio un pasó hacia atrás asustada.
—¡No! ¡No se me acerque!
Harry se asustó. Ginny temblaba.
—¿Qué le ocurre? —quiso saber intentando aparentar calma, pero ella lloraba.
—No… no puedo, por favor, déme el informe de mi hija par salir de aquí—le suplicó estirando el brazo sin verlo a la cara. Pero Harry no le hizo caso.
—No—le contestó, ella se giró sorprendida. Harry no estaba seguro de lo que hacía pero ahora su orgullo estaba por sobre el temor a ser descubierto. No había llegado tan lejos para que ella se marchara sin decirle ni una sola palabra.
—¿Disculpe? —exigió fulminándolo con la mirada.
—Disculpe usted, pero no puedo dejar que se marche sin antes haber estudiado el caso de Lily como lo he hecho con todos mis alumnos.
Ginny pareció inflarse, Harry juró haber visto chispas.
—Conozco perfectamente bien a mi hija como para saber acerca de su comportamiento—dijo resuelta, Harry frunció el ceño.
—No parecía segura de eso cuando entró a la oficina y me preguntó si todo andaba bien con ella—le espetó cruzándose de brazos, Ginny lo miró escandalizada.
—¿Cómo se atreve…?
—Me atrevo como el tutor y maestro de su hija, ahora si me disculpa le voy a pedir que tome asiento para acabar la reunión.
Un dejo de triunfo se infló en el pecho de Harry y dibujó una sonrisa divertida al ver la cara de incredulidad de su mujer. Esa era la Ginny que conocía.
—No me pienso quedar—le dijo con voz queda. Harry arqueó una ceja.
—¿Cómo…?
Entonces notó como una mancha negra se propagó por la mejilla de Ginny tan rápido como desapareció. Los ojos de la mujer de inmediato se apagaron. Pero lo que vino después descolocó a Harry.
Ginny se agarró la cabeza y lanzó un grito de horror retrocediendo y tropezando con todo hasta chocar con la pared. Harry saltó literalmente hacia ella para impedir que se diera golpes contra los objetos. La agarró por los brazos y en lugar de sentir emoción por el contacto, sintió pánico. Los ojos de Ginny eran dos cuencas negras.
—¿Qué demonios…?—susurró viendo su propio reflejo en la oscuridad de esos ojos. Ginny parpadeó y agitó la cabeza como loca. Forcejeó con Harry tratando de quitárselo de encima, pero él la tenía fuertemente agarrada.
—Señora Weasley escuche—le pidió con fuerza, pero Ginny seguía forcejeando— Ginevra por favor…—insistió, pero ella comenzó a atacarlo con patadas en las piernas. Harry no podía soltarla para agarrar su varita, así que la estampó contra la pared y gritó: —¡GINNY DETENTE!
Ella se detuvo y en un parpadeo rápido sus ojos volvieron a ser los de siempre. Sus miradas se encontraron y ella comenzó a llorar.
—¿Qué ha ocurrido? —preguntó confundida. Harry frunció el ceño sin soltarle los brazos.
—¿Cómo que qué ha ocurrido? —le dijo incrédulo, Ginny negó con la cabeza.
—Déjame ir, por favor…—le suplicó. Harry sintió un alivió en su corazón al escucharla llamarlo de ese modo tan impersonal, pero verla llorar sólo le causaban unas ganas locas de abrazarla, besarla y prometerle protección.
—No hasta que me digas qué es lo que ocurre—tal vez, si estaba en algún tipo de transe soltaba la verdad. La bipolaridad de esa mujer no era normal. Algo muy raro había ocurrido y Harry sospechaba que la poción tenía algo que ver.
Ginny movió la cabeza lentamente y miró sus ojos con insistencia.
—Tus ojos…—repitió, Harry no entendió, ella continuó— Me recuerda a alguien… pero…
—¿Pero…?—insistió Harry con cada sentido atento a sus palabras. Estaban demasiado cerca y aún no la soltaba, si seguía así dudaba que su corazón pudiera seguir soportando un segundo más.
Entonces Ginny lo empujó con fuerza, pero no la suficiente como para hacerle daño. Harry se alejó dando tropiezos hacia atrás, ella lo miró con angustia.
—Pero no sé a quién, y duele…—susurró hipando— no sabes cómo duele no recordar. Y no sé por qué ese recuerdo que no conozco me mata por dentro.
A Harry se le desencajó la boca, no supo qué decir, Ginny se secó las lágrimas y caminó hasta el escritorio sin mirarlo para recoger la carpeta de Lily. La guardó bajo su brazo y se encaminó hacia la puerta.
—¿No piensa despedirse? —soltó Harry sin pensar. Ella se giró antes de tocar el pomo.
Se quedó en silencio un instante y Harry contempló dos manchas rosadas por encima del enrojecimiento de las lágrimas.
—¿Para qué? Si seguramente nos volveremos a ver—murmuró— y no me trates de usted, creí que había quedado claro.
Y salió del despacho dejando a Harry más confundido que nunca.
/
—¿Y se fue así, sin más? —insistió Lily, Harry movió la cabeza.
—Así es—asintió con pesadumbre, aún tenía en su cabeza el rostro de su mujer y el aroma penetrante en sus pulmones.
—Está claro que es la poción—dijo Albus levantándose de golpe del sofá, todos lo miraron—. Me ha pasado. Cada vez que ella vuelve a ser la persona que es repentinamente cambia de personalidad.
—Pero la mancha negra…—dijo Lily.
—Creí que era problema mío, de mis ojos, que estaba viendo mal. Pero entonces ¿por qué también la vio papá?
El silencio reinó por unos instantes. Encerrados en el despacho de Nordieth, Kingsley, los Malfoy, Hagrid, Nordieth, Neville y los Potter se miraban unos a los otros.
—Tal vez tengamos pronto una respuesta para eso—dijo Draco rompiendo el silencio, todos lo miraron, pero fue Scorpius quien habló.
—Es probable que no tardemos en descubrir qué es lo que ocurre, o quién es este sujeto—dijo, y Harry se sintió incómodo al ver como intercambiaba una mirada con Lily.
—¿Pasó algo en Hogsmade? —quiso saber Neville, Draco movió la cabeza.
—Nada que no pudiéramos controlar, por suerte algo de las ideas Mortifagas quedan aún en mi cerebro—dijo con una sonrisa lasciva, pero a Harry le pareció que sonreía con orgullo.
—Le colocamos una droga muggle en la bebida antes que pudiera darse cuenta—dijo Scorpius rodando los ojos—. Valmorian se cree muy inteligente en el mundo mágico, pero desconoce el muggle por encontrarlo insulso e inutil
—Idiota—escupió Hagrid. Scorpius apretó una sonrisa.
—¿Y? ¿Qué pasó? —preguntó Lily, Harry se agarraba con sus manos como garras al borde del sillón donde estaba sentado.
Scorpius se movió y sacó de debajo de su túnica un papel amarillento. La sonrisa que se dibujó en su rostro era tan siniestra como la de su abuelo Lucius.
—Nos firmó el permiso para entrar al herbolario—dijo ampliando su sonrisa, Lily lanzó un gritito entusiasta—. El idiota ni siquiera se dio cuenta cuando lo hizo.
—Creyó que era un permiso para despedir a un sujeto que trabaja con Scor—rió Draco, Harry frunció el ceño.
—¿ Y qué va a pasar cuando Valmorian descubra que el sujeto no fue despedido?
Scorpius lanzó una risa. Estaba eufórico, probablemente orgulloso de haber conseguido la prueba que necesitaban tan fácilmente.
—Stan renunció esta mañana, pero Valmorian estaba tan alucinado por la droga que lo olvidó por completo—dijo el chico sonriéndole a Lily, Harry rodó los ojos—, cuando él llegue al ministerio mañana Stan no va a estar y sólo va a recordar haberlo despedido.
—¡Eres brillante! —gritó Lily saltando sobre él, Harry quiso decir algo pero sólo pudo fruncir una sonrisa. Algo muy dentro de su pecho le decía que no estaban las cosas del todo bien. Albus no celebraba y se preguntaba qué cruzaría por la cabeza de su hijo.
En la oscuridad la luna se ocultaba tras una nube gris mientras Nordieth, ajena a todo lo que se desarrollaba en su oficina, miraba por la ventana. Harry la miró y sus ojos repentinamente se encontraron, pero en los de ella encontró algo que nunca habría imaginado ver: miedo. Del más fuerte, y el más terrible.
La luna se ocultó finalmente tras la nube, y el valle del bosque prohibido quedó a oscuras.
Notas de la Autora
¡Finalmente! Al fin Harry y Ginny se encontraron.
Me costó hacer la escena porque no podía ser romántico, y como Harry jugaba contra el tiempo no podía darse el lujo de pensar en su historia de amor cuando sólo tenía minutos para que Ginny conociera a Whitemore.
¿Les pareció raro lo que pasó? Bien, esa es la idea.
Espero que me perdonen los que esperaron violines y rosas, pero es imposible. Trato de ser realista y hago las escenas pensando en cómo reaccionaría una persona normal ante una situación complicada como ésta.
En fin, a este fic ya le van quedando pocos capítulos. Al principio creí que serían unos diez, pero viendo para donde voy tal vez sean unos seis o siete.
En el próximo Scorpius tendrá más protagonismo, y se sabrá qué pasó con Hermione, Ron (sí, estaba Ron en el colegio) James y Valmorian.
También aparecerá Hugo, (debo ir metiendo a la familia poco a poco)
En fin, gracias por leer, y esta vez no tardé tanto ¿o sí?
Cariños a todos y un abrazo grande.
Anya.-
Capítulo XXII La Hermana que Nunca Tuvo
14:38Explicaciones y disculpas, al final del capítulo.
Durante lo que restó de la semana Harry se concentró para poder argüir el plan que lo acercaría a Ginny. Por supuesto esa era la parte fácil, dado que sí o sí, debería tener una entrevista con ella. Kingsley le recordaba a cada instante que debía controlar su ansiedad, puesto que ese almuerzo estaba hecho para que los padres se enteraran de la condición académica de sus hijos, no para que él se viera con Ginny; eso, era un increíble golpe de suerte que debía aprovechar. Pero su trabajo seguía siendo el mismo. No podía dejar que sus nervios le ganaran la batalla al punto de hablar cualquier estupidez frente a cada uno de los preocupados padres que se entrevistarían con él. Debía guardar la compostura y comportarse como el profesor de defensas, más aún si quería mantener el puesto en el colegio. Nordieth tenía muy buenas recomendaciones y los apoderados la adoraban, por lo tanto debía cuidarse la espalda, y su escritorio.
Se rascó los ojos bajo los lentes mientras escribía los informes de cada uno de sus alumnos. Debía concentrarse en ellos, pero su mente estaba puesta en Ginny y en James. Se recordaba a sí mismo las peroratas de Kingsley para poder enfocarse en su trabajo, no podía hacerlo mal. Si quería mantener el puesto debía actuar como el buen maestro que era. De lo contrario el consejo de padres exigiría su expulsión a patadas, y ahí no tendría posibilidad alguna de poder ver a Ginny nuevamente. Suspiró y se quitó los lentes. Los ojos de Whitemore eran muchos más viejos que los suyos propios y no tardaban en cercarse luego de unos minutos leyendo pergaminos. Pestañeó un par de veces para humedecerlos y giró la cabeza hacia la ventana que alumbraba el despacho. Afuera nevaba. La nieve se agolpaba en el balcón y en los jardines como si fuera merengue. Pensó por un momento en sacar la cabeza para enfriarse, pero luego recordó que sus ojos sufrirían un colapso y habría que humedecerlos con regadora si el frío los tocaba. Hizo crujir sus hombros y el cuello, se colocó los lentes y volvió a enfocarse en los pergaminos. Un tal Chubby Case de segundo año aparecía sonriéndole desde un rincón de su ficha. Era regordete y tenía ojitos de cerdito, Harry lanzó una risa seca, se parecía mucho a Duddley cuando niño. Achicó los ojos y leyó con atención la descripción del muchachito: no le iba bien en encantamientos, ni en transformaciones. "Típico", pensó Harry. Siempre a los de primer y segundo año les costaba comprender de inmediato, pero en su clase el muchachito sabía comportarse y se esforzaba. No era brillante, más bien, regular, escribió un par de anotaciones en la ficha con la pluma y la dejó a un lado sobre el montón. Frunció el ceño al imaginarse cómo serían los padres de Chubby, y se regañó a sí mismo por reírse mentalmente cuando se imaginó a un cerdo alado y a una vaca con falda.
—Me está afectando el cerebro…—susurró. Miró a un costado y resopló recostándose sobre la silla. Al menos tres columnas de fichas quedaban por revisar y todavía no llegaba ni a la de tercer año. Se preguntó cómo lo harían los demás profesores que tenían todos los cursos, porque él por suerte tenía sólo la mitad. Dos golpes sonaron en la puerta del despacho, con pereza estiró los brazos y volvió a sentarse correctamente—. Adelante.
—¡Hola! —lo saludó Lily con una sonrisa— Te traje tu almuerzo—. Harry sonrió con ternura, miró el reloj de pie que había a un costado del despacho y se dio cuenta que ya se había pasado la hora para bajar al comedor—. Descuida, ningún profesor almuerza en el salón esta semana, están todos trabajando en eso de las fichas.
Harry suspiró y limpió el escritorio para que su hija depositara el plato que contenía una pata de pollo y un enjambre de verduras rojas y moradas. La chica se apoyó con las caderas en el borde y lo quedó observando con los brazos cruzados.
—Te ves terrible—dijo alzando una ceja— ¿has dormido algo?
Harry se llevó el tenedor a la boca y sonrió con la boca llena.
—Ni un poco—Admitió a medio tragar, se limpió la boca con una servilleta y miró a su hija enmarcando las cejas— ¡No me mires así!
—¿Y cómo quieres que te mire? No has dormido todos estos días y todavía te queda trabajo. ¿Qué se supone que debo pensar?
—Lily, por favor…—suspiró recostándose en la silla—… realmente no estoy para sermones.
Lily se resopló el flequillo mirando el techo.
—¿Estás así por la reunión?
Harry la miró y apretó los labios en un gesto cansado.
—Supongo, no es fácil pensar que volveré a ver a tu madre. A cada rato me pregunto cómo reaccionaré cuando la tenga frente a mí. —Lily le sonrió con ternura—. Hoy en la mañana practiqué frente al espejo y descubrí que Whitemore realmente sabe ser un galán cuando se lo propone. Esta ceja—dijo señalando su ceja izquierda— si se arquea lo hace ver realmente encantador—frunció el ceño— y no puedo creer que yo piense eso. A veces hasta creo que temo que yo mismo me quite a mi propia mujer.
Lily soltó una carcajada.
—¡No digas eso! Ese es el plan en primer lugar—puntualizó con una sonrisa divertida—, si Jhon Whitemore logra robarle el corazón tendremos un obstáculo menos de qué preocuparnos.
—¿Y qué va a pasar conmigo si ella se enamora de Whitemore?
Repentinamente cayó en la cuenta de su verdadero temor, independiente del peligro que presentase Valmorian dentro del colegio, su verdadero enemigo era si mismo. Siempre temió a ese día, en un principio porque no sabía cómo reaccionaría Ginny si lo viera, sin embargo estaba seguro que no recibiría más de algún par de golpes y maldiciones de la fiera pelirroja. Pero, si se presentaba como Whitemore, y después como Harry Potter, ahí, Ginny podría terminar de odiarlo. No sólo la habría engañado una vez con respecto a su muerte, sino que dos, fingiendo ser otro.
La columna se le congeló, y Lily pareció notarlo porque corrió a abrazarlo.
—No pienses en eso, vamos muy bien—dijo con un sutil tono inseguro. Harry lo notó, pero aunque se sentía completamente confortado en los brazos de su hija, aquel dejo de nervios de parte de ella lo tensó aún más.
—No estás segura de lo que dices—le dijo, ella se separó con lentitud.
Se miraron.
—No, no lo estoy—confesó, Harry sintió que el hielo se expandía de su columna al resto de sus extremidades—. Pero trato de no pensar en eso. Ya hemos avanzado muchísimo, y trato de hacerme la idea que si resulta algo entre Whitemore y mamá, habremos dado un paso fuera del nido de avispas.
—Pero conmigo Lily, con Harry Potter, ¿qué va a suceder conmigo si ella se enamora del otro?
Lily entrecerró los ojos y apoyó las manos en sus hombros.
—Creo que si mamá se enamoró de ti en un principio por ser como eras y no por ser Harry Potter, se volverá a enamorar del mismo hombre, o, recordará a ese hombre a través de Whitemore. Siempre serás tú, y si se lo revelas, estoy segura que se llevara una maravillosa sorpresa.
—O me lanzara un Avada Kadavra ahí mismo—dijo frunciendo los labios, Lily lanzó una risita.
—¿Sabes? He leído biografías tuyas que estaban ocultas en la biblioteca y en todas ellas se habla de un hombre que en estos momentos no logro reconocer—le contó. Harry la miró ladeando la cabeza, la última vez que alguien le pidió escribir su biografía tuvo que pagarle al periodista para que no lo hiciera—. En los libros se centran en un hombre valiente, arriesgado, que dejó todo atrás por salvar a los suyos, pero ahora…
—Ves a un cobarde—admitió soltando una risa graciosa, Lily apretó los labios.
—No en realidad—Harry arqueó una ceja— veo a alguien demasiado precavido, de hecho. ¿Dónde está tu tenacidad? ¿Dónde está el darlo todo por el todo? ¿Ese es Harry Potter, cierto?
Harry tuvo que admitir que su hija tenía el don de la labia. O simplemente su subconsciente le pedía creer el cuento de la precaución más que en el de la cobardía. Aunque muy dentro de él debía admitir que temía. Como si le hubiera leído el pensamiento, Lily le dijo:
—Ser valiente no implica la ausencia del miedo—Harry abrió la boca para protestar, pero ella se adelantó—. ¿Realmente crees que por ser un héroe debes privarte de tener miedo? Todos estamos aterrados, yo sólo te pido que seas más arriesgado, nadie sabe cómo va a salir el almuerzo, pero necesitamos que estés ahí mentalmente, actuando el papel de tu vida frente a Valmorian, frente a mamá, frente a James, frente a todos.
—¿Te juntas mucho con Hermione, cierto?
La chica sonrió levantando los hombros.
—Con un Ravenclaw de hecho. Scorpius es el de las palabras, yo sólo le pongo atención, soy una buena alumna.
Harry sintió que el hielo se transformaba en algo hirviendo que subía por su estomago. La sonrisa de su hija se había teñido con algo picaresco y no quiso imaginar a qué se refería con "alumna". Desechó la idea ahí mismo antes de no poder controlar el impulso de ir a golpear a alguien.
—Creo que es mejor que comas, —interrumpió la chica, aunque Harry notó la incomodidad en su rostro. Se separó de él para acercarle el plato y agarró una pluma del lapicero—mientras almuerzas te ayudaré con algunas fichas.
Harry no protestó, la verdad es que estaba muriendo de hambre y los nervios durante los últimos días no lo dejaban digerir ni siquiera el agua. Por suerte algo de la conversación con su hija había despertado una extinguida chispita que creía apagada. Últimamente sentía que toda esa energía que había desaparecido en Azkaban. Le costaba hacerse la idea que hacía sólo tres meses había estado encerrado en la torre siendo torturado por los Dementores y que ahora se encontrara hablando con su hija como si se conocieran de toda la vida. La miró y dibujó una sonrisa torcida. La chica se encontraba recostada en una de las butacas del despacho rellenando algunas fichas y con las piernas colgando apoyadas en los brazos.
Era cierto que los últimos días había tenido más coraje, y las ganas de luchar crecían día a día. Por suerte, a falta de alguien como Hermione que le dijera lo que pasaba por su cabeza, estaba su hija, dándole el discurso de su vida, y probablemente el último que escucharía antes del gran día.
Mientras se metía un pedazo de pollo a la boca se fijó en el perfil de la chica y le recordó dolorosamente a Ginny cuando tenía su edad, y recién ahí pudo darse cuenta de algo que al principio no le era tan relevante.
—¿Por qué tienes ese mechón rubio colgando detrás de tu cabeza?
Lily de inmediato se llevó una mano a la nuca para cubrirse el mechón por debajo del cuello de la camisa, pero era tan corto que se disparaba como resorte.
—Nada, cosas mías…—respondió evasiva fingiendo concentración en una ficha.
—Lily…—dijo Harry con tono de advertencia, la chica resopló.
—Fue una locura que hicimos con Scor, él tiene un mechón rojo, pero lo oculta muy bien.
Harry parpadeó confundido antes de darse cuenta que jamás le había visto al hijo de Malfoy un mechón carmín desde ningún ángulo. Pero más se intensificó su confusión cuando se dio cuenta que el tono evasivo de Lily venía cargado de vergüenza y que no lo miraba a la cara. Apretó el tenedor con fuerza y respiró lentamente para poder bajar el pedazo de carne y de zanahoria que se le había atorado en la garganta. Cerró los ojos y su imaginación lo traicionó con imágenes de su linda e inocente hija siendo acosada por un malhechor de capa negra en un callejón oscuro. Abrió los ojos de golpe, Lily aún seguía sin mirarlo aunque ahora jugueteaba enroscando el mechón teñido con sus dedos. Se repitió a sí mismo que todo estaba bien, y que nada se había salido de control. Scorpius Malfoy era un buen muchacho, trabajador, y Ravenclaw. No era una sucia serpiente capaz de manipular la frágil mente de una señorita. Aunque pensándolo bien, su hija no era nada santa; la postura desinteresada sobre la butaca, la falda a medio subir por sobre el muslo, la camisa fuera de la pretina, y el corte desordenado, no eran señal de una dama en aprietos. Cuando su garganta finalmente dejó pasar la comida, se dio la libertad de respirar con tranquilidad, pero el fuego seguía ardiendo en su estomago. Estaba seguro que si no lo controlaba, ahí mismo se freiría lo que acababa de tragar.
Necesitaba corroborarlo, ella era sólo una estudiante que aún no acababa el colegio, y Scorpius era… ¡El hijo de Draco Malfoy! Un chico que estaba acabando sus estudios profesionales y que le llevaba ventaja a Lily por varios años. Y aunque algo dentro de él le insistía que el chico era una buena persona, y totalmente opuesto a su padre en todo sentido, no dejaba de pensar que si ese sujeto le había tocado un solo pelo a su hija, (que irónicamente ya había hecho), lo destrozaría con sus propias manos ¡y no le importaría regresar a Azkaban!
—¡PAPÁ!
Harry sacudió la cabeza, Lily estaba a escasos centímetros de él sacudiéndole la mano en su cara, parecía preocupada.
—¿Estás bien? —le preguntó, Harry respiró profundamente y sintió una hola de placer inundarle los pulmones. Sólo ahí se dio cuenta que no había respirado en mucho rato, y que tenía la mano agarrotada en torno al tenedor.
—Yo, sí…—carraspeó— perfectamente, yo… necesito un trago.
Tropezando con su propia silla y un basurero, se dirigió directamente a un estante que contenía dos copitas y una botella de whiskey de fuego. Se sirvió un poco y se lo tomó de un solo trago. Sacudió la cabeza ante el ardor, y recién pudo mirar a Lily. Supuso que debía tener algo en la cara porque su hija se alejó dando un paso atrás casi por inercia.
—¿Seguro que estás bien? ¿Tenía mucho condimento el guiso?
Harry apretó los labios, sabía que su hija no era idiota, pero realmente en esos momentos no estaba para que le tomaran el pelo.
—Sí, estoy bien… sólo, pensando.
—¿En qué? —Preguntó nerviosa, Harry inclinó la cabeza hacia la izquierda para poder verle el mechón rubio y por instinto ella se llevó la mano al cuello roja como un tomate— ¿En qué diablos estabas pensando Harry Potter?
—No sé, eso dímelo tú—le contestó con autoridad. Avanzó un paso y Lily retrocedió otro.
—Qué…yo, ¿qué quieres que te diga?
Harry nunca creyó que vería a su hija en esas condiciones: roja, casi morada, y sin palabras en su boca.
—¿En qué situación están…? digamos, ¿cómo va tu relación con Scorpius? —preguntó. Le costó armar la pregunta con sus entrañas ardiendo, estaba seguro que el pedazo de carne que había tragado haría erupción en cualquier momento.
—¿Qué cosa? —contestó la otra con un grito agudo. Miró hacia todos lados tratando de buscar una salida, pero la puerta se encontraba considerablemente lejos como para salir huyendo y ya que estaba en un quinto piso, lanzarse por la ventana no parecía ser una buena opción para su integridad física— ¿Por qué rayos me preguntas eso?
Harry se cruzó de brazos. Sintió un dejo de lástima cuando su corazón comenzó a exigirle a su cabeza que entrara en razón. Inhaló profundamente cerrando los ojos y luego suspiró con suavidad para calmar sus entrañas.
—Llevas una cantidad considerable de años con el chico—puntualizó. Lily tragó saliva en seco—. No soy idiota Lily. Aunque tampoco tengo derecho a exigirte nada ya que no he estado en tu vida durante… bueno, durante toda tu vida. Pero eso no me va a impedir que cumpla mi rol de padre.
A Lily se le desencajó la boca. El color rojo poco a poco comenzó a transformarse en un peligroso tono granate.
—¿De qué rayos estás hablando? —volvió a decir con la voz aguda— Tú no… tú no… ¡no te lo voy a permitir!
A Harry de inmediato se le fue el alma al piso. La sicología inversa del "no te metas" implicaba literalmente un "algo sucede pero no te lo voy a decir", lo que le hizo hervir no sólo el estomago, sino que todo su cuerpo. Repentinamente sentía la imperiosa necesidad de estrangular a Scorpius. Pero logró controlarse y hablar con extrema calma.
—Por favor, dime que con Scorpius no han…
Lily lanzó un grito estrangulador y azotó los brazos en el aire. Sus ojos estaban fijos en la puerta cerrada del despacho, Harry lo notó, pero no pensaba dejarla ir.
—¿Y bien? —le exigió, su hija lo miró espantada.
—¿Cómo te atreves a preguntarme algo así? Tú no… acaso tú…—volvió a lanzar otro grito y se giró con violencia, como un gato enjaulado. Harry no podía dejar de pensar en que sus negaciones seguían significando una respuesta afirmativa.
—Por favor hija, no me digas que ustedes…
—¡NADA! Tú, tú… ¡tú no tienes derecho a exigirme nada! ¡Ni tú, ni nadie! Es una relación normal entre un chico y una chica. No debería impórtales nada más, ¡Merlín! Ni siquiera Hagrid reaccionó como tú.
—¿Hagrid? ¿Qué tiene que ver Hag…?
Pero entonces cayó en la cuenta de la importancia de la última frase "ni siquiera Hagrid reaccionó como tú", ¿ante qué cosa reaccionó su amigo?, ¿se habrá enfurecido por algo? ¿Por qué razón el semi-gigante habría tenido que reaccionar a algo? Finalmente no le quedó otra que aceptar la cruda realidad: Su hija no era la chica inocente escapando del bandido en el callejón oscuro, no, ¡era la que se le lanzaba a los brazos!
Temblando, se sentó en la butaca donde antes había estado Lily recostada, y ésta pasó radicalmente del rojo pasión, al blanco ceniza.
—¿Papá? —preguntó asustada— ¿qué te ocurre?
Pero Harry se había comenzado a desanudar la corbata y a abrir el cuello de la camisa. Lily hizo aparecer un abanico con la varita y lo comenzó a agitar con fuerza mientras su padre recuperaba la respiración.
No comprendió qué le sucedió. Sólo veía que algo se agitaba en su cara y le otorgaba una agradable sensación de frescura. Intentó mantener los ojos fijos en algún objeto cercano, pero la cabeza le daba vueltas y aún no entendía por qué le costaba respirar. Se despojó de la corbata como pudo hasta que su corazón dio un brinco y mágicamente el aire entró a sus pulmones llenándolo de placer. Inhaló varias veces hasta controlar la respiración. Frente a él Lily lo miraba pálida como la cera y con el abanico aún lanzándole aire. Sólo recién ahí se dio cuenta que lo que acababa de pasarle fue un desfallecimiento causado por la impresión. Se sintió terrible al descubrirlo. Aquello sólo significaba cuánto lo había abandonado la juventud. Al menos para Whitemore.
—¿Estás mejor? —le preguntó la chica mirándolo con los ojos abiertos como platos. Harry se sentó lentamente con la mano agarrada en el corazón. Miró a su hija para sesionarse que fuera real y luego se pellizcó la mejilla.
—¡Auch! Sí, estoy mejor—dijo levantándose. Logró alcanzar la copa donde se había servido Whisky y lo volvió a llenar con rapidez.
—¿Estás… seguro?
—Sí, sí…—dijo luego de tragarse la bebida de un trago. Miró a la chica y cerró los ojos con pesadez.
—Creo que no puedo quitarme de la cabeza la imagen de la bebita que tuve en mis brazos—dijo viéndola con dulzura—. Eres libre de hacer lo que quieras con tu vida, hija. Después de todo ya eres prácticamente una adulta. Sólo… sólo déjame actuar como el padre que nunca fui, ¿sí? Déjame al menos advertirte, no es lindo cuando te equivocas.
Lily suspiró y asintió lentamente. Se acercó y le tomó una mano. Estaba levemente ruborizada, pero Harry ya no quería hacerse más ideas, no le correspondía, aunque le doliera, no tenía ninguna autoridad sobre ella aunque quisiera.
—Scorpius es mi salvavidas, mi vía de escape —le dijo— no sólo conmigo, sino también con Al—puntualizó, y resopló con fuerza—. Es mucho más que un novio, o un amigo, aunque suene extraño me siento más parte de su familia que de la nuestra, y Al siente lo mismo.
—Te creo, de verdad que sí, pero sólo…
—Sé a lo que te refieres y la respuesta es no—dijo moviendo la cabeza— nada ha pasado con Scorpius porque simplemente no es el momento. Ambos estamos metidos en una guerra, nuestra vida es complicada, nos preocupamos más en protegernos mutuamente que en… otras cosas. Al menos por ahora—agregó en voz baja, y Harry arqueó una ceja alarmado— ¡Es cierto que Whitemore se ve guapo con esa ceja levantada! —dijo con rapidez y alzando la voz— ¡Deberías intentarlo con mamá!
Harry frunció el ceño.
—Lily…
—¡Es cierto! —dijo alejándose en dirección a la puerta— ¡Deberías hacerlo más seguido! ¡Comete todo! Volveré más tarde.
Pero antes que Harry pudiera reclamar Lily había abandonado el despacho de manera magistral dejándolo con la copa en la mano y un signo de interrogación del tamaño de una montaña sobre su cabeza. Apenas logró continuar con el trabajo de las fichas y su almuerzo. Lily le había colocado los nervios de punta más allá de poder ayudarlo. Ahora no sólo tenía un dilema con Valmorian, Ginny, James y Whitemore, sino que además tenía que estar vigilando a su hija para proteger su integridad moral.
/
Toda la semana estuvo trabajando en las famosas fichas y ya casi no tenía ojos. Maldecía a Whitemore a cada instante por su incapacidad visual, al menos él podía ver algo sin lentes y sobrevivía si pasaba horas frente a una lamparita, pero no aquel muggle por el que se estaba haciendo pasar.
Se rascó los ojos por cuarta vez en media hora y aprovechó para untarse una pomada hecha por su hija y Scorpius. Intentó no pensar a qué se dedicaron mientras los ingredientes se mezclaban, tenía que sacarse las imágenes engañosas de su cabeza o no podría seguir actuando como debía. Un profesor sobre protector con una alumna era sospechoso y muy mal visto, y Helen, la mejor amiga de Lily, se lo había hecho saber hace unos días cuando los pilló tomados de las manos en su despacho. Kingsley tuvo que hacer su mejor hechizo para que la muchacha olvidara todo. A Harry casi se le cae el alma a los pies cuando escuchó de la boca de la jovencita la palabra "degenerado", pero por suerte nada pasó a mayores y el plan siguió de pie como siempre. El único problema recayó en que Lily ya no podría seguir escapándose cada cierto tiempo para ir a visitarlo. Así que no pudo verla en toda la semana, justo cuando en esos precisos instantes necesitaba todo el apoyo posible de sus amigos e hijos para poder prepararse, más aún si sólo una noche lo separaba del gran día. Al amanecer vería a Ginny después de tanto tiempo.
Se aplicó el ungüento en los ojos y se recostó en la cama mientras miraba el techo de piedra. Afuera una fina lluvia mojaba la ventana, y la chimenea crepitaba en silencio. Suspiró. La verdad era que no tenía miedo, y tampoco estaba nervioso. Tenía que ser honesto y comprender que la única razón por la que había dejado de ser el héroe intrépido que fue en algún momento, era porque tenía miedo de que sus acciones dañaran a Ginny, a sus hijos y a sus amigos. Si Valmorian era el demonio que parecía ser, si el fallaba sólo una vez, podría desquitarse con su familia, y eso, era lo que más lo aterraba.
Había estado fuera de forma por años, y ahora repentinamente debía retroceder casi veinte para poder encontrar esa destreza que dejó atrás cuando fue líder de los Aurores. Su vida estaba dando un giro, debía sacar al Harry Potter de antes y devolverlo a la vida. Los dementores y el recuerdo del cuerpo de Arthur no podían seguir atormentándolo, había vivido cosas peores, y aunque la muerte de su suegro fue un hecho traumático, todo se reducía a una sola persona. Él no era culpable de nada, era tan inocente como valiente, y si en su época de crío rebelde pudo contra Voldemort, ahora que era todo un hombre podía con la guerra que se avecinaba. Porque claro que se venía una batalla, su personalidad oculta no iba a durar mucho tiempo, tenía que hacerse la idea de que iba a ser él contra la justicia, y tenía que limpiar su nombre aunque eso le costara la vida.
Suspiró con pesar. No sabía qué le podría esperar en esta guerra, tal vez saldría airoso como tal vez no. Pero lo importante era rescatar a su familia de las garras de ese lobo con piel de oveja. Y si se le iba la vida en ello, no daba importancia, al menos serían libres.
/
Soñó que volaba en escoba y caía de ella, y que unas manos se aferraban a su muñeca con tanta fuerza que un hueso crujía en la oscuridad.
No sabía por qué estaba volando, pero ciertamente huía. Miró hacia arriba, pero sólo logró distinguir el brillo de los ojos. La velocidad que había agarrado la escoba era impensable. Nunca había volado a esa velocidad, no era normal. Una risa le heló la sangre. Bajo sus pies la luna que brillaba en el cielo se reflejaba en el suelo, jamás habría adivinado que volaba sobre el mar porque la brisa era demasiado calma.
Las manos de quien lo tenía sujeto comenzaban a resbalarse, pero su dueño hacía lo imposible para mantenerlo agarrado. Fue cuando una sombra oscura se materializó ante él, y dos ojos negros y brillantes sonrieron triunfantes cuando exclamó: "¡Suéltalo!"
Harry miró hacia arriba y su corazón dio un salto cuando se hicieron visibles unas borrosas facciones juveniles, era un chico. Intentó suplicarle que no lo hiciera, pero la voz de su enemigo era más fuerte, el muchacho movió la cabeza, sus ojos se volvieron rojos, y antes que Harry pudiera reaccionar, éste lo soltó.
Despertó sentado en su cama con la frente sudada y la camisa del piyama pegada a su pecho. Afuera estaba helado, pero el sol brillaba como nunca. Le costó adaptarse a la luz después de la oscuridad vivida en el sueño, pero por sobretodo, le costó controlar los latidos de su corazón. Había sido casi real, había sentido la presión de esas manos, y lo que más le aterraba, era que estaba casi seguro de la identidad del chico. No lo había visto hace años, y sin embargo podía apostar todas sus fichas a que el muchacho que lo dejó caer al mar era su hijo James.
Le costó despertar y volver a la realidad. El impacto que aún tenía en su cuerpo por reconocer a James lo aterraba de una manera siniestra que no sabía explicar.
Dumbledore le había advertido que se cuidara de sus hijos, ¿sería de él de quien debería tener cuidado? ¿Qué habría usado Valmorian para manipular a tal nivel? El Imperius deja idiota, pero él, actuaba bajo todos sus cabales.
Por suerte logró aterrizar su mente a tiempo para cuando Kingsley interrumpió su habitación vestido con una elegante túnica turquesa. Harry se terminó de colocar la suya y lo vio entrar con parsimonia mientras tomaba asiento en una de las sillas cerca de la chimenea.
—Hace un bello día—opinó mirando por la ventana— es un buen pronóstico.
—¿Qué no vaya a llover? —bromeó Harry con pesadumbre, Kingsley sonrió.
—Tengo el presentimiento que todo saldrá bien— Harry le devolvió la sonrisa.
—Eso espero, ¿ya están todos en sus puestos?
—Desde hace media hora—asintió Kingsley con entusiasmo, Harry arqueó una ceja, verlo tan animado no era propio de él— Hagrid está con Thomas en la entrada, va a recibir a todos los padres, Neville está en su despacho, los elfos con la comida en el vestíbulo, y Lily con Socrpius están en las cocinas desayunando.
Un escalofrío recorrió la espina dorsal de Harry, pero no dijo nada y por suerte Kingsley no lo notó. Se acomodó el cuello de su túnica y dibujó su mejor sonrisa.
—Estoy listo—anunció, el director sonrió ampliamente.
Sin decirse palabra, los dos hombres caminaron por los pasillos del colegio que estaban más luminosos de lo habitual. Los socavones de las paredes proporcionaban unos generosos rayos de sol que no eran para nada habituales en esa época.
Para cuando llegaron al rellano del segundo piso varios alumnos se habían amontonado en grupo y vestían sus uniformes impecablemente. Los prefectos leían las indicaciones para el almuerzo, mientras que los de séptimo se preocupaban por perfeccionar los últimos hechizos aprendidos.
Un patronus con forma de jabalí pasó por sobre la cabeza de Harry y luego se estampó contra la pared contigua. El alumno que lo había hecho era un chico enorme de espalda ancha que reía con sus amigos, no pudo reconocerlo, así que supuso que debía ser del grupo de Nordieth.
Y así fue como también se la encontró, a un lado de una chica de séptimo con lentes cuadrados que parecía ser Prefecta de Gryffindor. La mujer como siempre lucía imponente, llevaba dos largos pendientes de oro y un collar alto enroscado en su cuello, y la túnica era larga de color purpura. A vista de Harry parecía realmente cruel e intransigente. Sus ojos oscuros estaban a medio cerrar, observando cómo los alumnos de su casa desfilaban por el pasillo hacia el comedor. Cuando se encontraron con los de Harry, apenas hizo un asentimiento de cabeza, pero él sabía que aquello significaba una tregua mientras el enemigo estuviera presente en el castillo. Se sorprendió cuando inhaló una gran cantidad de aire, sólo ahí se dio cuenta de que había guardado la respiración por mucho tiempo.
—Nordieth entrevistará a los Weasley—le susurró Kingsley al oído mientras caminaban— intentará mantenerlos ocupados lo más que le sea posible.
Harry cerró los ojos y una sacudida invadió su cuerpo. Ron estaría ahí junto con Hermione, sus mejores amigos. Se imaginaba lo feliz que sería la situación si todo fuese diferente, si nunca hubiese sucedido nada y después de mucho tiempo sin ver a sus amigos pudiera reencontrarse con ellos y darles un gran abrazo.
Pero la vida real no era así, y debía adaptarse a la idea de que si quería conseguir aquello, primero, debía cambiar el futuro.
Cuando llegaron al vestíbulo Harry se detuvo en seco al contemplar la cantidad de magos que entraban por la puerta principal. Todos vestían elegantes, algunos llevaban expresiones severas, y otros, unas más placidas. Recordó a Lucius Malfoy y se imaginó que si aquello hubiese sucedido en su época de estudiante tal vez el hombre habría llegado a Hogwarts con esa misma expresión de repugnancia por tener que mezclarse con muggles y mestizos. Harry frunció el ceño, aunque Voldemort no existiese los magos seguían siendo humanos, y aquello conllevaba limitarse a las enseñanzas familiares, sobre todo si se trataban a odiar a los que no eran de la misma clase. El asco por mezclarse con muggles probablemente seguiría existiendo por muchos siglos más.
Suspiró dejando de lado sus pensamientos. Lucius estaba muerto, y Draco ahora era lo más cercano a un mejor amigo. Sonrió para sus adentros, no sólo era eso, también era su consuegro, y eso sí que en aquella época podría haber sido escandaloso. Un Gryffindor y un Slytherin uniendo las familias, era realmente imposible de creer.
Kingsley le hizo una señal para que lo siguiera y ambos se desviaron de la multitud para alcanzar el extremo opuesto del vestíbulo. De inmediato Lily y Scorpius se les unieron tomados de las manos al aparecer por otro costado. Harry sonrió al ver a su hija con el uniforme completamente prolijo. Apenas le sonrió a Scorpius, aunque el chico tenía mérito al aparecerse con el atuendo del ministerio, totalmente apropiado para la ocasión.
—Mamá no ha llegado—susurró Lily cuando alcanzaron a alejarse de la multitud. Ahora caminaban a través de un largo pasillo donde ya no se escuchaban ruidos ni murmullos. Kingsley adelantaba el paso con largas zancadas mientras Harry lo seguía a un lado. Lily tuvo que correr para alcanzarlos.
—Ya llegará, ¿no? —preguntó intentando mostrar confianza, aunque por dentro temía que no apareciese.
—Siempre viene—dijo Scorpius abrazando a Lily por los hombros— Ningún año falta—agregó mirándola fijamente. La chica suspiró.
—Pero si… él sabe que papá está libre tal vez le prohíba salir de casa—dijo alterada, Kinsgley negó con la cabeza.
—Albus dijo que iba a hacer lo posible por traerla, si todos vienen y ella no, sería sospechoso para la familia Weasley—dijo seriamente— podrán estar hechizados y actuar a favor de ese idiota, pero Ginny siempre será la hermana menor. Y quien quiera que le haga daño tendrá consecuencias. Incluso Valmorian.
Lily pareció más animada y asintió sin decir palabra, pero Harry por su lado no estaba tan tranquilo. Debía recordar que su propio hijo mayor estaba a favor de Valmorian, y dos cabezas contra su madre eran más fuertes que una dócil. Debía confiar en que Albus podría conseguir traer a Ginny a la reunión.
Kingsley los guió a través del pasillo hasta llegar a una nueva escalera. Harry comprendió inmediatamente lo que el director quería hacer: Desviar la atención de la multitud hacia él para poder planear la estrategia.
Volvieron a subir las escaleras hasta que llegaron a la gárgola del despacho de Kingsley. Harry arqueó una ceja, estaba todo absolutamente vacío en esa área del castillo. Su amigo y jefe tenía ciertamente todo calculado.
—¿Qué estás tramando Kingsley?
El director sonrió misteriosamente y Harry alzó ambas cejas, Lily y Scorpius parecían igualmente intrigados ya que por sus expresiones de incredulidad tampoco sabían qué tramaba el director.
—No estoy tramando nada—dijo mirando hacia todos lados para ver si alguien se acercaba.
Susurró muy bajito unas palabras que Harry no logró comprender y la gárgola se hizo a un lado dejando ver la clásica escalera de caracol. Kingsley entró primero y todos lo siguieron, pero Harry intuía que algo no andaba del todo bien, y por la expresión de Lily, estaba seguro que ella sentía lo mismo.
Cuando llegaron al despacho los cuadros de los directores estaban vacíos, Harry frunció el ceño. Encontrar ese despacho en absoluto silencio sin los cachivaches de Dumbledore y el murmullo de los retratos era anormal.
Kingsley se sentó detrás del escritorio y colocó ambas manos entrelazadas sobre sus labios. Miró a Harry detenidamente y le hizo una seña con la cabeza para que tomara asiento.
—¿Dónde están los directores? —quiso saber, Kinsgley desenredó sus dedos y se acomodó en el asiento apoyando la espalda.
—En los diferentes despachos del castillo y algunos pasillos—contestó, Harry alzó una ceja sin comprender—En el día de padres los directores se colocan en diversos sectores del castillo para dar la bienvenida a sus antiguos alumnos, y de paso otorgarle un aspecto más serio al día de la reunión.
—¿Y funciona?
—No realmente. Lo hacen para salir del despacho—dijo alzando los hombros—pero vamos al tema que nos concierne.
Harry se acomodó en su asiento.
—Sí, eso es lo que quiero saber, ¿por qué nos trajiste aquí?
Lily se acercó con precaución y se colocó a un lado de Harry, éste la miró curioso.
—Antes de iniciar el plan con mamá necesito saber algo—dijo ella mirando a Kingsley como si le pidiera permiso, el director asintió con la cabeza. Harry los miró ceñudo— Cuando me contaste la historia de tu juicio, dijiste que te habían dado Veritaserum, pero que la poción en sí te hizo mentir.
—Así es—dijo Harry aún sin comprender, y volvió a ponerle atención a Kingsley— ¿Qué está ocurriendo?
—A falta de profesionales que puedan ayudarte por temor a que te descubran, las únicas personas apropiadas para descubrir qué pasó ese día somos nosotros—dijo abriendo los brazos para señalar al grupo dentro de la oficina—. Lily es una experta en pociones, la mejor de su clase de hecho, y tiene una teoría que me parece interesante—Kinsgley miró a la chica, y ésta, algo sonrojada, aceptó con un rápido movimiento de cabeza.
—Necesito hacerte un par de preguntas—dijo frunciendo los labios, Harry arqueó una ceja.
—¿Y Tiene que ser hoy? ¿No pueden esperar hasta mañana?
—Tiene que ser hoy, Harry. —Dijo Kingsley con determinación—. No podemos esperar un segundo más, mucho menos si hoy verás a tu mujer.
La sola mención de Ginny provocó en Harry dolor de estómago, pero se enfocó en lo que quería decir el director.
—Está bien—aceptó derrotado—¿qué necesitas saber? —agregó mirando a Lily.
La chica se le acercó y lo miró fijamente. De debajo de su túnica sacó un pequeño frasco de cristal que contenía un denso líquido transparente. A Harry se le fue el alma del cuerpo.
—No te asustes—dijo ella con una risita— esto es Veritaserum. Lo que necesito saber es tu reacción hacia ella. ¿Harías eso por mí?
Harry asintió lentamente, no sabía qué podría salir de eso. Al menos podía tener la seguridad que su hija no le haría ningún daño, además, no tenía nada que ocultar.
—Dámela— le exigió con la mano extendida.
Lily extendió el brazo para entregarle el frasco pero Kingsley lo detuvo.
—Alto—dijo levantándose del asiento apoyando ambas manos en el escritorio, Harry lo miró ceñudo—primero debes volver a ser tú mismo.
—¿Qué? ¿Por qué?
—El Veritaserum puede reactivar recuerdos de Whitemore—Explicó. Harry abrió los ojos sorprendido— es algo que aún no tiene explicación, simplemente transfórmate, ¿quieres?
Harry levantó los hombros con una sonrisa torcida y le hizo caso. Tomó su varita y murmuró el hechizó que lo volvió a convertir en él mismo. Sintió el tradicional pesó de la ropa de Whitemore y se sintió como un niño cuando vio que las mangas de la túnica superaban el largo de su brazo.
—Te ves encantador—se burló Kingsley. Harry no quería ni siquiera pensar qué tan ridículo se veía en aquel traje diez veces más grande que él.
—Pásame la poción Lily—le dijo a su hija omitiendo el comentario del director, la chica le hizo caso y al instante estaba colocando en su lengua dos gotas del contenido.
Frunció el ceño con curiosidad. No recordaba que la poción fuera inocua. Pasó por su garganta como agua y se vaporizó en su estomago antes de tocarlo. Ni siquiera le sintió el gusto, sólo una extraña sensación de querer decir todo lo que pensaba sin limitaciones.
—¿Y bien? —le preguntó Kingsley— ¿cómo te sientes?
Harry frunció los labios en una mueca graciosa y movió la cabeza.
—Excelente, un poco nervioso la verdad, Ginny ya debería haber llegado—volvió a fruncir los labios y se giró hacia Scorpius que lo miraba divertido— ¿Y tú qué miras? Sé lo que piensas ¿sabes? También tuve tu edad y tenía ganas de tirarme a tu suegra pero no lo hice porque su hermano me habría asesinado. Algo que yo voy a hacer si tocas a mi hija.
—¡Papá! —saltó Lily roja como un tomate, Harry la miró molesto.
—No me vengas a exigir nada jovencita, no habré estado presente en tu vida todos estos años pero eso no me impedirá ponerte un cinturón de castidad si puedo—le espetó sin pensar. ¡Merlín! Era sensacional poder decir todo lo que pensaba sin importarle nada.
—Creo que deberías preguntarle antes que siga hablando—interrumpió Scorpius rojo como el granate, contrastando absolutamente su piel con el cabello claro. Lily asintió rápidamente mientras Kingsley reía tras ella.
—Escucha, por favor, ponme atención—dijo colocándose frente a él—mírame a los ojos y dime tu nombre completo.
Harry resopló y rodó los ojos. Se reacomodó en el asiento de manera despreocupada y la túnica resbaló por uno de sus hombros revelando una camisa blanca de vestir.
—Esa es fácil, Harry James Potter—dijo lanzando otro resoplido, Lily apretó los labios para no reír, lo mismo hizo Scorpius.
—Está bien…—dijo viendo a Kingsley sin saber qué más hacer, el director movió la mano incitándola a continuar— Este… ¿cómo se llama mi madre?
Los ojos de Harry brillaron ilusionados y una imagen de Ginny cuando joven se hizo presente en su memoria.
—Ginevra Molly Weasley, y es preciosa, adorable, una diosa… una belleza—dijo embelezado perdido en sus pensamientos.
—Y… ¿Quiénes son tus hijos? —interrumpió con rapidez para evadir la incomodidad.
—¡Esa es fácil! —dijo sacudiendo la mano— Tú, por supuesto, Albus, qué no sé dónde anda metido, y…—el recuerdo del sueño se hizo presente en su cabeza, sintió que sus pupilas se dilataban y el aire le comenzaba a escasear.
—¿Y? —insistió Lily, La mirada de Harry se ensombreció.
—James—dijo muy bajo, casi en un gruñido— Valmorian lo tiene hechizado, va a atacarme, es capaz de asesinarme.
El silencio reinó en el despacho. Kingsley rodeó el escritorio e hizo a un lado a Lily para ver a Harry más de cerca.
—¿De qué estás hablando?
—Soñé con él—dijo automáticamente, tenía qué decirlo, su lengua no se iba a detener— intentaba salvarme de caer de una escoba, luego apareció Valmorian y le ordenó soltarme, James lo hizo y caí al mar. Pude sentir el agua impregnar mis pulmones y su regocijo por verme muerto.
Todos se quedaron en silencio un momento hasta que Kingsley apuntó a Harry con la varita. Un tenue rayo blanco lo apuntó en medio de los ojos y repentinamente sintió que su lengua volvía a pesar y que tenía de regreso su autocontrol.
—¿Dije algo que no debía? —preguntó, aunque recordaba perfectamente todo lo que había confesado. Miró a Scorpius apenado y levantó los hombros— disculpa lo grosero.
Scorpius dibujó una sonrisa apretada.
—Descuide, lo comprendo.
Era muy amable. Esperaba que en algún momento le saliera lo Malfoy para poder tener alguna excusa con la cual defender a su hija, pero el chico era simplemente demasiado bueno incluso para ella.
—Dijiste que soñaste con James—dijo Lily, que del rojo había pasado al blanco. Harry asintió.
—James no sólo está bajo el control de ese sujeto, sino que además tiene órdenes de acabar conmigo. Tal vez para que Valmorian no se ensucie las manos.
—Es algo que sospechábamos, —dijo Kingsley— no es extraño que una mente siniestra quiera actuar con precaución, son los más brillantes. Lo intrigante es, ¿cómo fue que entró a tu cerebro esa información?
Harry levantó sacudió la cabeza.
—No tengo idea. Las conexiones mentales las tuve sólo en la época de…
—Voldemort—concluyó el director, y luego miró a Lily.
—Papá—lo llamó, Harry se giró hacia ella— ¿Qué sentiste con el Veritaserum?
Él miró al techo.
—Nada extraño, era totalmente conciente de mis actos, sólo que no sentía la sensación de limitarme a lo que mi cabeza pensara.
—¿Y sentiste algún sabor?
Harry volvió a fruncir el ceño.
—No, fue como tomar agua.
Entonces como si de una película se tratara, las imágenes se acoplaron en su mente retrocediendo con rapidez hasta el día del juicio, cuando las gotas de la poción tocaron su lengua y el sabor amargo le quemó la garganta.
—En el juicio no me dieron Veritaserum.
Lily asintió con preocupación, Kingsley se cruzó de brazos.
—Valmorian te dio Espinoletal—Harry abrió los ojos confundido. Había leído aquel nombre en un archivo abandonado hacía años cuando trabajaba de Auror, y recordaba vagamente haberlo descartado por la ausencia de datos.
—¿Es a base de polvo de Azufre, cierto? —preguntó sintiendo la ira arder dentro de él.
Lily asintió con lentitud.
—Necesitaba confirmar si encontrabas alguna diferencia entre el Veritasrum y la otra—puntualizó. Parecía ansiosa por atar algún cabo—. Hace unas semanas dijiste que la poción te había parecido amarga, y después de que Scor fuera enviado a conseguir polvo de Azufre sólo tuve que recordar lo que nos enseñaron en pociones.
—¿Y eso fue…?—preguntó Harry, Lily suspiró.
—La poción de Azufre se usó hace siglos. Los magos se los daban a los reyes para que cometieran atrocidades bajo su mandato sin ser concientes de ello. Por eso existieron tantas masacres y cazas de brujos. Siempre había un mago oscuro detrás de ellos, querían gobernar, y lo hacían a través de los mismos soberanos. Cuando aquello se descubrió se eliminó la receta, y la utilización del polvo de azufre quedó como una leyenda.
—Por eso recordaba haberlo leído en algún lado—señaló Harry—, en algún archivo antiguo. El polvo era simplemente parte de la investigación del departamento de misterios.
—Y si llegó a tus manos en algún momento después de haber estado tantos años oculto debe haber sido a causa de Valmorian.
—Pero creí que sólo servía para intervenir objetos o retratos—dijo recordando el cuadro de Dumbledore.
—En eso te equivocas—interrumpió Kingsley después de haberse mantenido mucho rato en silencio—, el Polvo de Azufre es tan eficiente como un Imperius, y claro que funciona con personas. El polvo mismo interviene el alma. Te pone imágenes en tu cabeza, te hace creer que todo lo que sucede a tu alrededor es real.
—¿Y cómo se programa eso? ¿Cómo hizo él para hacerme creer que yo había asesinado a Arthur?
Lily miró a Scorpius, el chico tenía una expresión sombría poco propia de él, y sólo ahí Harry se dio cuenta de que tenía un gran parecido con Lucius Malfoy. Descartó la idea inmediatamente, ya tenía demasiadas cosas de qué preocuparse.
—La poción trabaja con el último recuerdo más traumático—explicó él— .
Valmorian tramó todo desde un principio para que el incidente fuera lo suficientemente terrible como para recordarlo de manera constante—pausó y se rascó la cabeza—. Y no sólo eso. Sino que además intentó controlarlo con un Imperius para que matara a su propio suegro. Y aunque no lo consiguió, esa imagen mental aún seguía en su memoria. Usted se vio con el cuchillo en sus manos. Ese recuerdo era invaluable para llevar a cabo el plan.
—Pero yo escuché una voz que me ordenaba.
Lily se estremeció.
—No sé quién es este sujeto papá, pero si fue capaz de utilizar esa poción y más aún, utilizarla con todos los que estaban alrededor sin ser detectado, está claro que no es un mago común.
Harry entrecerró sus ojos y respiró profundamente. No le estaba gustando el camino que llevaba la conversación, las ideas, los datos, todo se agrupaba en su mente formando un complicado puzzle que no tenía sentido. Ningún punto coincidía con el otro, le faltaban los detalles más importantes para saber finalmente quién era Athos Valmorian.
—Esa es la poción que Al le vio usar con Ginny—masculló él con furia— ese hijo de puta se mete en su cabeza.
—Y como los últimos recuerdos son todos con él, cree que esa relación es real—tembló Lily afirmándose al borde del escritorio conteniendo las lágrimas—. Esa poción doblega ante una orden pero no reemplaza las emociones—sollozó— si está actuando como una loca es porque lucha contra lo que siente.
Harry se levantó y la abrazó con ternura sintiendo las mismas ganas de llorar. Esa tarde cambiaría sus vidas, haría lo que fuera por terminar esa pesadilla.
—Vamos a rescatar a tu madre, y a James del poder de Valmorian—dijo sintiendo una chispa de emoción— su arma es la poción, si no puede usarla no tiene nada además de su varita.
—Pero la poción es constante. Una gran dosis puede durar meses, incluso años—dijo angustiada.
—Entonces tendremos que impedir que consiga más polvo—dijo sujetándola por los hombros y tratando de sostenerle una sonrisa— conozco a tu madre y es fuerte. Si ha aguantado por diecisiete años, podrá aguantar un par de meses. Deja que Whitemore haga el trabajo.
Lily suspiró y asintió con pesadumbre.
Un sonido en la puerta los distrajo. Dos voces y una discusión. A Harry se le aceleró el pulso, reconoció la voz de Albus, pero venía con alguien más y no podía distinguir la otra voz.
—¡Rápido transfórmate! —lo urgió Kingsley, pero entre los pliegues de la enorme túnica Harry no podía hallar su varita. Lily se interpuso delante de él justo cuando la puerta se abría y Albus entraba intentando bloquearle el paso a quien venía con él. Harry contó los segundos, si lo descubrían estaba perdido. ¡No podía acabar todo así!
—¡De verdad! ¡Kingsley está ocupado y me pidió que no dejara pasar a nadie!
—¡Me importa un cuerno! ¡Es importante! ¡Déjame pasar Albus Potter que tengo que hablar con Kingsley!
"Potter"
Harry procesó su apellido proveniente de la voz de la única persona que sería capaz de llamar a su hijo como tal aunque la sociedad lo tachara de culpable.
Miró la puerta y el rostro de una mujer se asomó empujando al chico que cayó de bruces al suelo. Sus ojos se encontraron con los asustados de Albus mientras la mujer se quedaba de pie completamente perpleja ante la puerta.
—Pero…
Todos se quedaron en silencio, Lily balanceó su varita sin saber si usarla o no; Kingsley con Scorpius parecían estar en el mismo dilema. La mujer se llevó ambas manos a la boca y sacudió la cabeza rápidamente.
—No comprendo…—susurró, y miró a la única persona que en ese momento le podía dar una explicación, Albus—: ¿Qué…? ¿Qué está ocurriendo?
Albus se levantó con lentitud viendo a la mujer y luego miró a Harry acongojadoo. Pero entonces éste dio un paso. No supo de donde salió el valor, pero su corazón latía como un desbocado, tenía ganas de gritar, de llorar, de reír. Dio otro paso y apenas logró esbozar una sonrisa.
—Hermione…—susurró. La mujer en sí no se parecía en nada a la muchachita que había sido su amiga. Ahora llevaba una melena corta y lisa, y sus ojos tenían unas notorias arrugas al igual que la comisura de sus labios y el dorso de sus manos.
La mujer se quitó las manos de la boca y avanzó con lentitud. Cuando estuvo a pocos pasos de Harry bajó los brazos y sus nudillos crujieron. Lo siguiente pasó demasiado rápido. Una mano se estampó en su mejilla izquierda, y mientras veía luces producto del aturdimiento, sintió que algo se aferraba a su pecho con desesperación. Para cuando su cerebro logró asimilar lo que sucedía se encontró con Hermione llorando sobre él gritándole una sarta de palabras que apenas lograba comprender.
—¡…desgraciado! ¡Cómo no me buscaste! ¡Maldito ingrato, idiota, tarado! ¡No sabes todo lo que hemos llorado por ti, eres un maldito insensato, quién te crees qué eres! ¡Cómo pudiste hacerme esto a mí! ¡A mí que soy como tu hermana! ¡Eres un imbécil!
Harry logró esbozar una sonrisa divertida mientras Hermione se desquitaba a golpes en su pecho. No se dio cuenta que tenía las mejillas mojadas producto de sus propias lágrimas. La detuvo por los codos para verla a la cara. Sí, era ella, la misma que conocía, con el mismo brillo en los ojos y la misma expresión de sabelotodo.
—Sí, tienes toda la razón—logró decir con la voz quebrada, y luego la abrazó con fuerza— Puedes golpearme todo lo que quieras, puedes tratarme como quieras, pero por favor dime que confías en mí, dime que estás de mi lado—le suplicó. Rogaba por un milagro y una esperanza. Ya le habían dicho que Hermione y Molly confiaban en él, ahora era la prueba de la verdad.
Hermione se sorbió la nariz y dejó de temblar. Se separó lentamente mirando al suelo y luego elevó la mirada, cerró los ojos para derramar un par de lágrimas y lo golpeó con el puño en el brazo.
—Idiota—se quejó— Todo este tiempo, todos estos años he confiado en ti. Siempre confié en ti, pero… ¡Dios Harry! ¡Estás vivo maldita sea! ¡Vivo! Después de que te habían dado por muerto—lloró— ¡Creí que habías muerto sin poder defenderte! ¡Quería ir a buscar tu cuerpo con Molly para poder darte un entierro digno, pero ni siquiera era posible porque seguía vagando sin vida! ¿Cómo crees que fue saber aquello? ¡Quería morir! ¡Quería ir a tu casa y asesinar a Valmorian con mis propias manos! ¡Por Dios Harry! ¡Eres un verdadero idiota! ¿Por qué no me buscaste? —miró desesperada al rededor, Lily sollozaba mientras que los demás hombres miraban con cautela sin saber qué decir— ¿Cómo fue posible que supieran y no me dijeran nada? —se giró con brusquedad hacia Harry— ¿Qué pasó? ¿Cómo escapaste? ¿Andas así por la vida mostrando tu cara? ¡Por favor Harry dime que no haz cometido ninguna locura! —dijo tocándole la cara como si lo inspeccionara.
Harry sintió que le abría los ojos y la boca con los dedos para ver si estaba todo en orden. Con suerte logró quitársela de encima empujándola para poder respirar.
—Espera, espera—dijo tratando de asimilar lo que sucedía— te lo contaré todo, sólo, déjame respirar.
Hermione volvió a sollozar y lanzó un grito aferrándose a él. Todos dieron un salto y luego ésta volvió a separarse con espanto.
—¡Debes quedarte aquí encerrado! ¡Merlín! ¡Valmorian vendrá al colegio! ¡Si te ve va a ser el fin! Hay que pensar un modo de dejarte oculto, ya tendrás tiempo de contarme, ¿qué vamos a hacer si te ven? Hay que…
—Hermione…
—Hay que buscar una forma, tal vez si te pones la capa… ¡no! ¡Poción multijugos! ¡Algo debe haber guardado en el colegio! Yo…
—¡Hermione! —gritaron todos. La mujer se quedó en silencio de inmediato y Kingsley se le adelantó tomándola de la mano.
—Por favor, siéntate—le pidió. Hermione siguió el camino sin quitar sus ojos de Harry hasta que el director la sentó en el asiento detrás del escritorio— ahora vas a poner atención porque no hay tiempo. Harry—llamó.
Obedientemente Harry se acercó a Kingsley para que éste le entregara la varita de Saúco, tal vez la había hallado en el suelo cuando intentó encontrarla en su túnica gigante. Hermione abrió los ojos sorprendida.
—¿Estás usando la varita de Saúco? ¡Creí que nunca lo harías!
—Larga historia—murmuró con pesadez. Pero Kingsley agitó la mano en el aire exigiendo orden.
—Colócatela en la cabeza y saca todos los recuerdos posibles desde el día de tu rescate hasta el de hoy—le ordenó. Harry comprendió de inmediato y concentró su mente en toda la historia que había vivido los últimos meses como para mostrárselo a Hermione— Lily, acerca el Pensadero—le pidió a la chica.
En pocos segundos Hermione se encontraba sumergida en los recuerdos de Harry. De vez en cuando sus hombros daban espasmos. Albus se acercó a él por un costado.
—¿Desde qué momento le mostraste? —quiso saber, Harry dobló la cabeza.
—Decidí mostrarle desde la última vez que la vi.
Harry agradecía que la magia surgiera un efecto rápido porque la historia que él había vivido los últimos diecisiete años Hermione la vivió en diez minutos.
Para cuando abandonó la fuente sus ojos estaban hinchados, rojos, y su cara surcada de lágrimas.
—No puedo creerlo…—susurró mirando hacia todos los presentes, y detuvo su atención en Scorpius— tu padre es un héroe.
El chico se sonrojó.
—No realmente—susurró avergonzado. Harry supuso que él chico sabía de la historia de los Malfoy contra su amiga.
La mujer suspiró con temblores y luego se fijó en Harry.
—Si planeas conquistar a Ginny como ese tal Whitemore tendrás mucho éxito—dijo con una sonrisa nerviosa. Harry se la devolvió y respiró con tranquilidad.
—Ya que sabes todo, debes ayudarme—le pidió, ella lo miró fijamente.
— Deberías haberlo pedido hace años, idiota—dijo refunfuñando. Se levantó del escritorio y caminó hacia él— ¿Es en serio? ¿Neville y Hagrid? ¡¿Neville y Hagrid lo supieron antes que yo?
Harry levantó los hombros dibujando una sonrisa nerviosa, pero Hermione ya se había girado para ver al resto.
—¡Ustedes tres son unos hipócritas! —dijo apuntando a sus dos hijos y al director. Harry nunca imaginó ver a Kingsley con aquella expresión de desconcierto en su rostro— Sabían que con su abuela siempre hicimos hasta lo imposible por sacar a su padre de Azkaban—miró a Albus— Siempre te apoyé, te conté historias cuando nadie lo hacía— se acercó un paso y con un pequeño bolso que Harry no supo de dónde salió le pegó al chico en el brazo— ¡Eres un ingrato!
Por los quejidos de su hijo supuso que aquel bolso debía de tener un hechizo extensor, y no quiso saber qué podía contener en el interior.
—¡Lo siento! —se lamentó Albus tratando de esquivar los golpes— ¡Lo supe hace una semana!¡Lo juro!
—¿Y por qué no me avisaste? ¡Ingrato, idiota! —Insistió Hermione con los golpes persiguiendo al chico por la oficina. Hasta que Kingsley levantó su varita y una ráfaga de aire los dejó a todos en el suelo.
—¡Ya basta! Hermione, tú mejor que nadie sabes que estamos en medio de una posible guerra, así que te pido por favor que te comportes como la mujer que eres y dejes tus descargos para más tarde—exigió con la voz imponente que Harry tan bien recordaba de su época de Auror—. Ahora tenemos un plan para proseguir, Harry debe acercarse a Ginny y ni tú ni nadie va a impedir que eso se realice.
—¿De qué estás? —Hermione se levantó del suelo y se cruzó de brazos enojada— ¡Jamás lo impediría!
—¡Entonces compórtate y haz como si nada hubiera sucedido! —exigió. Harry nunca creyó ver a Hermione sin la palabra en la boca—. Tanto Lily como Albus saben hace muy poco la verdad y su reacción ha sido mucho mejor que la tuya. Incluso han sabido mantener la calma que es lo que hoy necesitamos para no delatarlo. ¿Estás en esto? Porque de lo contrario te agradecería que abandonaras el colegio.
—Kingsley…—susurró dolida, Harry se interpuso balanceando sus brazos y las largas mangas de la túnica.
—No creo que sea necesario —dijo con tranquilidad—, tenemos que hallar una forma de trabajar en equipo sin que nadie meta la pata—puntualizó girándose para ver a Hermione, y la tomó por los hombros—. Tengo que entrevistarme con Ginny, y ya tenemos el plan listo. Todos están en sus posiciones. Debo bajar y hacerme cargo de mi parte. Tengo que enfrentarlos como lo hacía cuando éramos jóvenes, ¿recuerdas?
—Cómo olvidarlo—sonrió ella con pesadumbre, Harry movió la cabeza agradecido.
—Entonces por favor, te lo suplico. Deja que esto funcione. Después tendrás tiempo de golpearnos a todos y de escuchar la historia completa, pero debes jurar que no dirás nada. Esta es la última carta que tenemos y debo aprovecharla. Será la primera vez que aparezca en público como John Whitemore, delante de Ginny, de James, y de Valmorian.
Hermione suspiró y cerró los ojos asintiendo con la cabeza.
—Por supuesto que no diré nada—y luego abrió los ojos con una media sonrisa— no puedo aceptar lo que está ocurriendo, se parece uno de mis viejos sueños. No sabes la cantidad de veces que te vi mientras dormía y trataba como loca de encontrar la solución para rescatarte. Pero nunca pude hacerlo. Y ahora, verte aquí, vivo, luchando…—respiró profundamente y sonrió como cuando se sacaba la mejor calificación—Estoy tan orgullosa de ti.
Harry le sonrió con ternura y ambos se abrazaron, pero fue Hermione quien rompió el contacto. Se secó la cara con rapidez, se acomodó el bolso, su elegante chaqueta, y sacudió la cabeza.
—¿Me prometes que estarás bien? —le preguntó Harry.
Hermione sonrió.
—¿Bromeas? Soy parte de la acción, no he hecho nada emocionante desde que terminaste con Voldemort. No sabes lo terrible que ha sido nuestra vida todos estos años viviendo a merced de ese sujeto.
Harry arqueó una ceja.
—¿Y tus hijos, y Ron?—la sola mención de su amigo le causó una rara sensación en su estómago, pero prefirió callar.
—Es gracias a ellos que he podido soportarlo—dijo sonriente y luego se frotó las manos— ¿Y? ¿Qué hacemos ahora?
Kingsley se rascó los ojos con una mano mientras se mantenía apoyado en el escritorio, todos lo miraron.
—Ahora vas a tener que ser como la buena alumna que eras, mantendrás la boca cerrada y harás como si Harry no existiera, ¿crees que puedas lograrlo?
Hermione apretó los labios con una expresión que exigía de su absoluto autocontrol.
—Por favor, Hermione…—le suplicó Harry.
La mujer suspiró.
—Por supuesto, Harry está vagando en una celda de Azkaban sin alma—dijo temblando.
Todos se miraron y esperaron a que la mujer cumpliera su promesa. No sería fácil para ella salir a compartir con toda la familia Weasley y quedarse callada. Pero Harry debía confiar, siempre fue una bruja brillante y esperaba que lo siguiera siendo.
—El espectáculo debe continuar—Susurró Lily. Albus y Scorpius asintieron con nerviosismo. Harry vio en ellos la alarma. Debían poner todo de su parte para impedir que Hermione metiera la pata.
NOTAS:
¡Al fin!
Creo que ya están cansados de mis disculpas, pero no me queda otra que volvérselas a pedir.
Este mes es de locos. Cuando normalmente la mitad está saliendo de vacaciones yo estoy en el punto cúlmine de mi trabajo.
Así que les agradezco a todos que me hayan esperado y seguido por Twitter dándome su apoyo.
Sobre el capítulo.
Ya sé que les prometí a Ginny, pero necesitaba que Hermione apareciera antes. Ginny no puede saber la verdad antes que ella. Después de todo, Hermione es una de las que confiaba en Harry. Además, él necesita a su amiga para que le de consejos. Lily funciona bien por ese lado, pero sigue pensando como adolescente, y Hermione sabe más cosas que sus propios hijos. Será una buena compañía fraternal mientras lucha por Ginny.
No sé si la escena me habrá quedado muy propia de ella. Pero Hermione siempre fue tan impulsiva (en cuanto a actitud), que no me imaginaba una escena mejor que gritando y golpeando a todo el mundo. (O tal vez me quedé con la Hermione golpeadora de las películas). En fin, espero que se haya leído como ella.
En el siguiente capítulo, sí o sí, aparece Ginny y su escena con Harry.
Y también se va a saber cómo fue que Hermione llegó al despacho.
Y bueno, para los fanáticos que me pedían algo de Lily y Scorpius, espero que les haya gustado la paranoia de Harry. Como está contado desde su perspectiva no puedo hacer escenas de ellos como pareja, pero intentaré escribir más de los dos cuando sea posible.
Gracias a todos por leer. Y como el siguiente se viene muy bueno, tal vez esté listo antes de lo que imaginan.
¡Cariños a todos!
Y si no publico de aquí a fin de año, bueno, les deseo unas felices fiestas y qué el 2012 se venga increíble para cada uno de ustedes.
¡Gracias!
Anya.-